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No acaban de ser inducidos al Salón de la Fama del Rock, edición 2019, cuando el británico Tim Pope, realizador de Kiss my blood, con vida, milagros y hechos sobrenaturales, le entrega a los fanáticos de The Cure, 137 minutos, de la banda cuyo cantante, Robert Smith, siempre ha querido ser Saúl Hernández, de Caifanes. El rockumental celebra los 40 años (de 1978 a 2018) con un espectacular concierto en vivo en Hyde Park que data del 2018. Aquí el único detalle es que el señor Smith sí canta, mientras que el trato de cantar, Hernández, ni yendo a bailar a Chalma, ni maquillado.
Serie documental brasileña de Netflix sobre un controvertido personaje del mundo del asesinato: Walter Souza, anfitrión televisivo y líder de opinión pasado de lanza, aparte de psicópata y enfermo que, para subir el rating de la caja idiota, asesinó y también mandó matar cuando la ocasión lo ameritaba, en aras de una popularidad bizarra. Raro es que nuestros expertos forenses mexicanos: José Luis Durán King y Ricardo Ham, no le hayan dedicado unas líneas a su desviada conducta, que dejó varios cadáveres regados.
Dicen los enterados en violencia exacerbada que The night comes for us, que se trata del último grito de la moda en materia de sadismo, energía y danza macabra. En la cinta de Timo Tjahjanto, puede haber un comparativo sangriento con The Raid, de Gareth Evans y su secuela, sobrepasando el efecto de carnicería y las coreografías del tipo de John Wick 3 más allá de la brutalidad que suele permitirse el género del thriller combinado con artes marciales y acción desmedida hecha en Indonesia. Sangre a raudales.
Takeshi Kitano con Outraje 3, da el cerrojazo a la trilogía que maneja a la perfección dosis de drama, thriller, crímenes, yakuzas y triada, después de cinco años de guerra sucia entre los clanes de Sanno y Hanabishi que como ven dan en metraje de plomo y sangre. La elegancia de su aspecto técnico y visual, con homicidios imaginativos van por más, en esta coda para el japonés de culto, cuya filmografía es el pan de cada día para los acostumbrados a su minimalismo salvaje.
Después del juicio del siglo, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, se prepara un plus de las tres temporadas del narco mexicano más famoso y escurridizo de la droga nacional y amigo de la oportunista de la Kate del Castillo. La inspiración basada en hechos reales suena igual a las clínicas beisboleras de ya saben quién, por lo que sólo queda el escandaloso fracaso y la corrupción que para nada supera a The Wire.
Después de haber sido un Rolling Stone de tiempo completo y el mayor recopilador de memorabilia de la banda, Billy Wyman (que aún presume el haberse encamado con más de 3 mil mujeres, repasa en The quiet one, la cultura popular que le tocó vivir y los músicos de quien tuvo influencia. El que utilizó un asombroso metraje original de archivo, alguna vez mencionó por qué la banda no para de tocar: “Porque no saben hacer otra cosa”. Wyman es un asombroso narrador que bien puede avergonzar a las otras piedras.
Todos quieren su rockumental, y David Crosby (que Recuerda su nombre), no es la excepción. Tolo lo explica: su sobrevalorada esencia como estrella de rock, su placentera vida en las drogas, su fama y lo loco que estaba. Mucho terreno de alguien que no valía tanto.
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