Cuánto durará la luna de miel de AMLO con los mexicanos es una de las preguntas más recurrentes. Detrás de la pregunta está la sorpresa ante un mandatario con un respaldo superior al 70%, algo inusual en el contexto mexicano reciente y en el plano internacional. Dada la mayoría legislativa de Morena, el interés radica también en la percepción de la opinión pública como un contrapeso al presidente. Si aunamos a lo anterior la inclinación del actual gobierno por mecanismos de democracia directa, la opinión ciudadana se convierte en protagonista de la escena política.

La estabilidad de la opinión pública depende en alto grado de la intensidad de las opiniones: si el respaldo es total, difícilmente sufrirá variaciones. Como infamemente señalara Donald Trump, él podía dispararle a alguien en la Quinta Avenida y no perdería votos. En el caso mexicano, lo que encontramos es que aproximadamente la mitad del apoyo a López Obrador es “aprobación dura” (le aprueban mucho). La otra mitad es aprobación “blanda”, es decir, aprueban en forma parcial su desempeño o se inclinan a hacerlo. En números gruesos tenemos que poco más de una tercera parte de los mexicanos respalda ampliamente a López Obrador, mientras que un porcentaje similar lo apoya en forma matizada. El apoyo “blando” proviene principalmente de los apartidistas, segmento ya mayoritario en la población.

La interrogante es qué va a ocurrir con el respaldo “blando” de López Obrador. Podríamos decir que estos son lopezobradoristas de nuevo cuño. En 2006 y 2012 la votación por AMLO osciló entre el 32%-36% y para principios de 2017 solo 36% tenía una opinión favorable del hoy presidente, mientras que 33% tenía una imagen negativa (todos los datos mencionados son de encuestas nacionales de Buendía & Laredo). Durante 2017 y 2018 AMLO construyó poco a poco una coalición mayoritaria. El día de la elección obtuvo 53% de los votos y más de la mitad de los mexicanos ya tenía una opinión positiva de él. A raíz de su triunfo, su posicionamiento creció alrededor de 20 puntos porcentuales. Si bien esta cifra es comparable con lo que vivieron Fox, Calderón o Peña en su momento, AMLO tiene un punto de partida más alto, lo que significa acercarse al consenso.

Dado que la mitad del apoyo a AMLO es “blando”, es probable una tendencia a la baja en su popularidad. Además, una de cada cinco personas espera ver, en menos de 1 año, resultados positivos en lo económico (21%), en los niveles de violencia (20%) y en combate a la corrupción (esto es cierto tanto para quienes lo aprueban como para quienes lo reprueban). Si todos estos “impacientes” fueran decepcionados, AMLO regresaría a niveles cercanos a su votación del 1 de julio. Si, lo que es más probable, este grupo se divide en cuanto a su evaluación del nuevo gobierno, observaríamos una caída de aproximadamente 7-10 puntos porcentuales, lo que lo mantendría como un mandatario muy popular. Solo satisfaciendo las altas expectativas AMLO seguirá arriba del 70 por ciento.

El mayor reto estará en el segundo y tercer año de gobierno. Para entonces el grueso de los ciudadanos ya espera ver cambios positivos y la cercanía de los comicios genera presión adicional por rendir buenas cuentas. López Obrador tiene un as en la mano: el discurso de cambio de régimen le da una reserva de tolerancia entre los mexicanos. A pesar de su discurso conciliador con el peñismo, el tono gubernamental es cada vez más crítico de la herencia recibida. Si los resultados no son los esperados, es previsible que la condena al antiguo régimen pase de las palabras a los hechos.

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