Los muertos de Tonalá y el fracaso de la justicia

Héctor De Mauleón

2 de abril de 2018. Calle 5 de Febrero, colonia San Carlos, Guadalajara, Jalisco.

A las 19:22 se reporta el hallazgo “de un occiso en la vía pública con disparo de arma de fuego”.

La policía encuentra el cadáver de un joven, con cabello corto, vestido con pantalón de mezclilla y una playera blanca. Un hilo de sangre le baja desde la cabeza y corre sobre el asfalto. Se le identifica como Juan Carlos Barragán González, alias El Canzón (aunque en algunos registros aparece como El Calzón).

Barragán González había sido aprehendido en enero de 2013 durante la Operación Lince. Una denuncia anónima informó que dos hombres robaban autopartes a bordo de una motoneta amarilla. Los sujetos fueron sorprendidos mientras intentaban esconderse en un domicilio de la calle Europa.

En el interior de aquel domicilio había más de 3 mil 500 autopartes. Espejos, faros, lunas, calaveras, molduras. Buena parte de las piezas correspondían a automóviles de lujo: Jaguar, Volvo, Mercedes.

Barragán y su cómplice fueron detenidos. Pero no por mucho tiempo. No era aquella la primera vez, por cierto, que Juan Carlos Barragán González se metía en líos con la justicia. Lo habían detenido por robo de vehículo el 11 de abril de 2006. En noviembre de ese año ya estaba libre.

Lo detuvieron por lesiones el 10 de junio de 2007. Se fue a su casa al día siguiente.

Resbaló de nuevo el 8 de abril de 2011, por adquisición ilegítima de bienes (compra de autopartes robadas). Salió a la calle en el mes de agosto.

El 10 de septiembre de 2011 lo aprehendieron por robo a persona. Quedó libre el día 14.

El 4 de noviembre Barragán fue remitido por delitos contra la salud. Pero el 6 de febrero de 2012, tres meses más tarde, se paseaba de nuevo por calles de la colonia San Carlos.

El 23 de febrero volvió a tener problemas por un asunto de autopartes robadas. Lo llevaron a la Fiscalía. Para la noche del 25 estaba de vuelta en su casa.

Vino el asunto de la bodega de autopartes robadas en la calle Europa y El Canzón volvió a la cárcel. Pero como dije al principio, no fue por mucho tiempo: el 19 de agosto de 2015 iba de vuelta ante el ministerio público, acusado por delitos contra la salud. Esta vez permaneció nueve días detenido.

Ocho detenciones, ocho ingresos, ocho liberaciones.

No existen más registros relacionados con El Canzón hasta el día en que apareció en la calle 5 de Febrero con un disparo en la cabeza.

Esto no significa que se hubiera rehabilitado. Uno de los detenidos por el caso de los tres estudiantes de cine cuyos cadáveres fueron disueltos en ácido, el sicario apodado El Cochi, afirma en su declaración que fue precisamente El Canzón quien recibió el encargo de vigilar una cabaña que servía de base a un grupo rival.

Era la casa a la que los estudiantes de cine llegaron de manera fortuita, en marzo pasado, para llevar a cabo un trabajo escolar.

 

Según las autoridades, el Cártel Jalisco Nueva Generación está partido en dos. Ahora disputa municipios como Tonalá y Tlaquepaque con uno de sus antiguos mandos, Carlos Enrique Sánchez Martínez, apodado El Cholo y fundador del grupo criminal Nueva Plaza.

De acuerdo con El Cochi, el CJNG tenía noticias de que un socio de El Cholo, Diego Gabriel Mejía, estaba a punto de salir de la cárcel. La célula de Tonalá recibió la orden de “levantarlo” y matarlo apenas pisara la calle.

De modo que las propiedades de Mejía —entre ellas, la cabaña— comenzaron a ser vigiladas. “Como se habían visto más movimientos en la casa se pensaba que ya había salido el Diego de la cárcel, y por eso fuimos a buscarlos… Fue Canzón quien se encargó de ir a campanear la casa varias veces”, declaró El Cochi.

El 20 de marzo vieron movimientos en la finca. Según El Cochi, El Canzón manejó uno de los dos vehículos en que los jóvenes fueron “levantados”, se encargó de torturar con una tabla a uno de los alumnos, y le llamó más tarde para decirle “se nos fue el muchacho” y avisarle que (al cadáver) “lo iban a pasar (a otra casa) para hacerlo agua”.

Cuando estalló el escándalo por la desaparición de los alumnos, El Cochi recibió dinero para repartirlo entre los miembros de la célula y pedirles “que se abrieran”. Dice que vio al Canzón en un Aurrerá y le entregó 20 mil pesos para que se esfumara. No lo volvió a ver. El de 2 abril, declaró, le dijeron que habían matado al Canzón por la 5 de Febrero.

Si los registros no fallan, el sistema de justicia tuvo ocho veces en las manos a uno de los encargados de matar a los estudiantes; tuvo ocho veces la oportunidad de evitar o cambiar todo esto. Pero no lo hizo. El Canzón volvió a la calle.

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