Por fin, algo que sí funciona

Guillermo Sheridan

En estos días atrabiliarios, advertir que algo sí funciona en México no deja de apaciguar al alma sacudida por tanto méndigo sinsabor. Sí, parecería que todos los círculos viciosos se cuajan; sí, se diría que tapiamos cualquier salida conjeturable; sí, el horizonte se asemeja a un descomunal basurero, nublado por los zopilotes…

Y sin embargo, constatar que algo sí funciona es un paliativo suficiente para retomar el empeño, sacar fuerzas de flaqueza y recuperar la certidumbre de que cuando los mexicanos nos empeñamos en algo, aunque no sea destructivo, solemos lograrlo.

Y lo que sí funciona es la filantropía, el deseo de ayudar a los que sufrieron el movimiento telúrico lamentablemente en sus personas y bienes.

Claro, la gente negativa dirá que es mejor aumentar salarios que filantropía, negándose a ver, en los suplementos dedicados al periodismo de investigación sobre los usos y costumbres de la alta sociedad, la evidencia de que la filantropía viene mucho esta temporada.

Habrá quien diga que hasta la estatua alegórica de la Esperanza se tiró de la Catedral Metropolitana como Juan Escutia antes que rendirse al invasor terremoto. Una pena que se reduce si se piensa en que la Fe y la Caridad continúan en su sitio, firmes y decididas.

Fe y caridad se sienten en esas páginas que demuestran la pujanza filantrópica de desprendidos caballeros lujosos y generosas damas elegantes. Por ejemplo, la firma joyera Mamoneaux Experience convocó “personalidades de diversos ámbitos” a contribuir en la reconstrucción de centros de salud. “Ponerle una causa al altruismo es bien padre porque le estás dando a la gente una opción de hacer algo diferente. Es un doble placer: la belleza de conseguir un reloj y saber que un poco de eso se irá a los más necesitados de México es grandioso”, dijo Jacqueline Chamorro y Buche. ¡Un México bien padre que le dé opciones a la gente!

O la solidaridad “ante los cientos de mexicanos que sufrieron pérdidas materiales y humanas” que llevó a los alumnos del Really Mexican Preschool a representar “un rosario viviente” luego del cual una madre dijo que “formarles a los hijos un corazón desprendido o altruista es una tarea diaria, como compartir sus dulces con los niños que no ganaron nada a la hora de la piñata”. ¡Un México de niños que saben compartir sus dulces!

Una “Escuela de Polo”, por su parte, organizó una serie de partidos y festejos artísticos con objeto “de regresar los tiempos de gloria para los jugadores mexicanos de polo”. Y como se anunció en el coctel promocional: “parte de lo recaudado será destinado a apoyar a las personas afectadas por el sismo”. ¡Un México en el que hasta los caballos de polo quieren ayudar!

Hubo una subasta-show “Arte y sonrisas” que reunió personalidades para recaudar fondos. “Esta es otra forma de hacer Brigada en comunidad”, explicó Betsilú Giovanna de Cachete Bótox. “Formas de ayudar que no son nada más mandando un súper o una despensa. Es un evento para apoyar a gente que lo necesita, que está en un punto donde está buscando ayuda”. ¡Un México original para prestar ayuda!

“Estamos en un gran momento. Es un momento de seres humanos y mexicanos. Estamos sensibles. Estamos susceptibles y, bueno, creo que es el momento de ayudar y que hagamos una comunidad colaborativa”, declaró Profundo Reguera Chic, quien donó un cuadro a una subasta, mientras la señora Perfecta Malacara Buenrostro ofreció “velas artificiales con apariencia 100 por ciento natural que duran toda la vida pues se manejan con control remoto”, y cuyas ganancias serán para reconstruir casas. ¡Un México que dura toda la vida a control remoto!

En el College de France du Pedregal hubo un concurso de echar porras y en “la ceremonia previa a la presentación de las concursantes”, los directivos y los papás de las alumnas “rindieron homenaje a las víctimas del sismo pidiendo un minuto de silencio con el puño en alto”. ¡Sí, un México con el puño en alto!

Y en San Miguel de Allende se llevó a cabo el “Gran Premio Nahua” de equitación. El primer premio consistió en 500 mil pesos. No hubo nada para los damnificados, pero sí la oportunidad de que “el mexicano aprenda a saltar obstáculos viendo este bello deporte”, como dijo Paco Chopo de Babea.

En fin, que como resumió Ricardo Pachón Galantina, “estamos muy agradecidos con los desastres naturales que facilitan la filantropía”.

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