Octavio Paz y los partidos (historia circular)

Guillermo Sheridan

Releo algunos escritos de Paz sobre política mexicana. A veces, son historia y profecía juntas. ¿Fue Roland Barthes quien dijo que un clásico aporta significados únicos para tiempos diferentes y, a la vez, significados diferentes para tiempos únicos? Uno de ellos se titula “Ante un presente incierto”, escrito luego de las elecciones de 1988: enfática radiografía de la “clase política” de entonces (es decir, de ahora):

Comienza con el PRI, que “está compuesto no por individuos sino por corporaciones (herencia de Cárdenas); al mismo tiempo, es la Revolución hecha no sólo Gobierno sino Institución (herencia de Alemán). Por lo primero, se funde y confunde con la sociedad; por lo segundo, con el Estado. A lo largo de su historia el régimen logró conciliar los intereses encontrados y las rivalidades entre los grupos a través de la distribución de mercedes y privilegios, transacciones y compromisos. Fue una política que consiguió la estabilidad y cierto desarrollo pero que ha terminado por inmovilizar a la nación. El fenómeno mexicano no es enteramente nuevo en la historia; ha sido descrito con brillo, primero por Maquiavelo y después por Max Weber. Su verdadero nombre es patrimonialismo.”

Sigue el PAN: “Después de atravesar por un periodo de perplejidad, debido a la desaparición de sus dirigentes históricos, surgieron nuevos líderes. Casi todos del norte y casi todos empresarios o ligados a la clase empresarial. El lenguaje de los nuevos líderes era directo y simple; también, con frecuencia, crudo, simplificador y con pocas ideas. El crecimiento del PAN se debió sobre todo a su afirmación de los valores democráticos. Aunque había tenido veleidades autoritarias en sus comienzos, supo deshacerse más pronto y más totalmente de esas nostalgias que la izquierda de su dogmatismo. El PAN logró arraigarse en muchas regiones. No se presentó como un don caído del cielo universal de las ideologías ni como un enviado del Gran Señor de México-Tenochtitlan: fue y es un producto local. Pero el PAN tuvo y tiene graves limitaciones que hoy se han hecho cruelmente visibles. No ha penetrado en el México rural, especialmente en el centro y el sur. Tampoco ha formulado un verdadero programa, a un tiempo tradicional e innovador, como han hecho algunos partidos conservadores de otros países”.

Y el “neocardenismo” (como se llamaba la izquierda en 1988): “No es un movimiento político ‘moderno’ aunque sea otras muchas cosas, unas valiosas, otras deleznables y nocivas: descontento popular, aspiración a la democracia, desatada ambición de varios líderes, demagogia y populismo; adoración al padre terrible: el Estado y, en fin, nostalgia por una tradición histórica respetable pero que treinta años de incienso del PRI y de los gobiernos han embalsamado en una leyenda piadosa: Lázaro Cárdenas. Es difícil caracterizar al movimiento neocardenista. No lo es enumerar algunas de las notas que lo distinguen. En primer lugar, su naturaleza heterogénea. Es una alianza de partidos muy distintos y con programas contradictorios. En uno de sus extremos, están los grupos de izquierda tradicional, supervivientes de las sucesivas desilusiones y crisis por las que ha atravesado el marxismo-leninismo. Algunos entre ellos, con un retraso de años, descubren al fin que la democracia no es incompatible con el socialismo. (Esto es algo que deberían decirle con mayor frecuencia a Fidel Castro y a Daniel Ortega.) En el otro extremo, varios partidos definidos con un expresivo mexicanismo: ‘paleros del PRI’, ahora puestos a un lado por sus protectores. En el centro: los neocardenistas. El núcleo lo componen los afectados y los amenazados por la ‘modernización’ económica y social, es decir, los socios y los usufructuarios de las corporaciones y los otros sectores de la gran burocracia oficial. Son las ‘clientelas’, en el sentido romano de la palabra: los protegidos de los patricios. Fueron el soporte del porfiriato, como ha mostrado el historiador [François-Xavier] Guerra. A su lado los intelectuales añorantes. Abajo, en la base, un numeroso y más respetable conglomerado: las víctimas de la política de austeridad. El alma del movimiento, su ánima agitante, está constituida por un grupo de líderes que han roto con el PRI porque quieren volver al pasado...”

Hasta ahí el Octavio Paz de hace treinta años.

(Y bueno, apena que, en lugar de hacer historia, se diría que en México preferimos hacer eterno retorno…)

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