La vergüenza y la ira

Guillermo Sheridan

La importante investigación realizada por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y por Animal Político —que deberían ser el fiscal anticorrupción— incluye un desafío al lenguaje: no existe el adjetivo suficientemente atroz para abarcar los registros de la ira y la vergüenza que produce el gobierno mexicano. Léala usted, por favor, en contralacorrupcion.mx

De acuerdo con las cuentas de la Auditoría Superior de la Federación, durante los años 2013 y 2014 (aunque el modus operandi se inició antes), el gobierno federal pagó 7 mil 670 millones de pesos del erario a ciento ochenta y seis “compañías” prestadoras de servicios.

Muchas de estas compañías no existen, o nunca existieron, o pasaron a mejor vida, o como suele decirse, son “fantasmas”, una expresión afrentosa contra los derechos humanos de los fantasmas que debería sancionar el Conapred. No: quienes urdieron esta “Estafa Maestra”, están muy lejos de la etereidad flotante y ululante de los fantasmas sinceros; están vivos y son vivos.

No existir no fue obstáculo para que sus “dueños” y los funcionarios que las contrataron se quedaran con la mitad de ese dinero: 3 mil 433 millones de pesos de nuestros impuestos que acabaron en bolsillos de carne y hueso. Son funcionarios que trabajaron, o aún trabajan, para la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el Fovissste, Pemex, la SEP, Banobras…

Un ingrediente especialmente vergonzoso de este nuevo entramado de mierda dorada es que varias universidades provincianas se prestaron para la jugarreta: la Autónoma de Morelos, la del Estado de México, otras en Campeche y en Tabasco. Millones que dizque financiarían el “fomento y desarrollo de la investigación científica y tecnológica” acabaron financiando el fomento y el desarrollo de formas de investigar cómo enriquecer de unos cuantos miserables con birrete, impartidores de honoris causae.

El modus operandi es sencillo: las dependencias gubernamentales contratan los servicios de universidades que, por ley, tienen que generar al menos el 51% del servicio contratado. Pronto se declaran “incapacitadas” para cumplirlo y subcontratan a empresas privadas, a cambio de entre el 10 y el 15% del valor del contrato. Y claro: las más de las veces esas empresas no existen, o no están autorizadas, y ni firman contratos ni nada, pero se quedan el dinero, cobran su parte y se
lo regresan al funcionario revolucionario institucional.

Dos ejemplos nomás: la UAEM recibe del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) 97 millones para “ubicar personas que no saben leer”. La UAEM agarra el dinero pero, como es una universidad, se declara incapaz de ubicar analfabetas. ¿Qué hacer? Fácil: contrata a Estrategia Solutions S.A. (sic), le da 9 millones y se queda con un millón. ¿Ubicó Estrategia Solutions analfabetas? No. Y nadie puede ubicar tampoco a Estrategia Solutions. Los otros 93 millones tampoco son ubicables. El INEA dice que no puede ubicar el misterio porque los datos están en “un formato inactivo” (sic). ¿Qué hacer? Fácil: contratar a la UAEM para que ubique el formato y lo active, etc.

El otro: la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) dice ¡apoyemos al campesino! ¿Qué hacer? Fácil: darle 13 millones a la Autónoma de Morelos para que apoye al campesino. La universidad agarra el dinero pero, como es una universidad, no sabe apoyar campesinos. ¿Qué hacer? Fácil: darle los 13 millones a empresas que sí saben apoyar campesinos. Todas dieron direcciones falsas y no apoyaron campesinos. Pero sí se apoyaron a sí mismas, a la universidad esa y a la Sagarpa que, cuestionada, declara que “no existen comprobantes del servicio”.

Sólo a la Secretaría de Desarrollo Social, cuya lideresa es Rosario Robles, antigua lideresa del movimiento estudiantil de la UNAM que se recibió por 1980 con una tesis sobre movimientos campesinos en México (que sí ubicó), le achacan desvíos por 2 mil 250 millones de pesos. Casi cuarenta años después ya no estudia cómo se mueven esos campesinos: sólo los apoya.

En su famosa carta de 1843 a Arnold Ruge (que cita Octavio Paz en su poema sobre Tlatelolco 1968), Marx dijo que “la vergüenza es ira vuelta contra uno mismo: si una nación entera se avergüenza es león que se agazapa para saltar”. En México, nuestra vergüenza y nuestra ira se retroalimentan todos los días. El horror.

¿Qué hacer? Fácil: darle 100 millones a alguna universidad para que investigue métodos para atenuar la vergüenza y la ira.

@GmoSheridan

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