El día que AMLO estuvo muerto en vida

Guillermo Sheridan

Ante el inminente triunfo de López Obrador, la conducta de un ciudadano en movimiento regenerador, si es que se aspira a no ser un estorbo y hacer patria como se debe, es enterarse lo mejor posible de quién es su próximo líder.

Me compré AMLO: Vida privada de un hombre público (2012) del periodista Jaime Avilés, que es el libro oficial, un libro que muestra facetas de AMLO “que la gente como nosotros no conoce”. Y es muy bonito, porque dice Avilés que las historias de AMLO “parecen extensiones” de las novelas de Carpentier, Roa Bastos y García Márquez.

Además de la historia familiar, infantil y juvenil viene la trayectoria política que está a punto de verse coronada con el máximo logro. Leemos cómo AMLO adolescente conoció a Pellicer en 1972; cómo lo recomendó para que le dieran un sitio en la Casa del Estudiante Tabasqueño en el DF.

En 1975, cuando las fuerzas vivas destapan a López Portillo, Pellicer le dice a AMLO que JLP le ofreció democráticamente ser senador, porque “quiere que los intelectuales se acerquen a su gobierno.” Pellicer invita a AMLO a acompañarlo y, cuando gana democráticamente, ya senador, le consigue “un puestazo en el gobierno estatal”: jefe del Instituto Indigenista de Tabasco. Ahí “se fortalece políticamente”, “gana muy buen sueldo” y lleva a su novia “a comer a los mejores restaurantes”.

Luego, el gobernador González Pedrero lo nombra en 1982 presidente del PRI en Tabasco. Como “el PRI era para mí un pacto de revolucionarios que tenía el deber de actuar siempre en beneficio de las clases más pobres de la sociedad”, AMLO se puso a democratizarlo, lo que enfadó a los políticos, por lo que González Pedrero lo puso mejor de oficial mayor del PRI, “un cargo importantísimo”.

Pero AMLO no quiso: él quería democratizar, no ser oficial mayor, y renunció como “un acto de rebeldía”, por lo que volvió al DF “y ya inicié otra vida” y se puso a acabar su tesis y a escribir muchos libros.

¡Pero no había chamba! Así que en 1988 con honestidad valiente buscó a Ignacio Ovalle, quien lo envió con Clara Jusidman, jefa del Instituto Nacional del Consumidor, quien nombró a AMLO director. Vivía “ganando muy bien, transportándose en un coche del año manejado por un chofer” mientras su esposa “se dedicaba a los niños, era una vida ideal”. Pero su hermano Pío lo acusó de “ya te aburguesaste” y de ser “un burócrata”. Chin.

En 1988, AMLO apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas, pero De la Madrid hizo fraude y ganó Salinas. Y es ahí cuando la novela estilo Carpentier se pone como de Kafka: Cárdenas le pidió democráticamente a AMLO que fuera candidato al gobierno de Tabasco. Y AMLO dudó: “Era dejar un trabajo que nos daba ingresos, quedarse sin sueldo, sin secretaria, sin chofer” para irse a una aventura. Pero aceptó y fue a buscar a Cárdenas a su casa de Las Lomas y le dijo “Sí voy”.

Y entonces dice AMLO que “me entra una crisis nerviosa” porque en Tabasco ser opositor “era ser subversivo”, y entonces decidió que carecía de “fortaleza interna”, por lo que fue a buscar a Cárdenas “a decirle que siempre no”. Y apenas dijo que no, “me sentí bazofia, indigno, cobarde: fue mayor la crisis por rajarme… Yo era un suicidio, era un momento de definición y yo había traicionado mis convicciones”. Chin.

Para reponerse del susto decidió irse con su esposa de vacaciones a Cuba. Pero “yo iba mal, enfermo, como zombi. Compramos un boleto en un vuelo de Mérida a La Habana y entonces pasamos a Villahermosa para irnos a Mérida” y de pura chiripa en Villahermosa que se encuentra una Ley Electoral. “Me la llevé porque yo traía todo eso en la cabeza, porque ese día se vencía el plazo de inscripción. Y lo que es el destino: llegamos a Mérida, estábamos a punto de agarrar el avión para irnos a La Habana y porque no avisaron o no sé por qué, no le permiten levantar al pasaje y nos quedamos en Mérida; entonces decidimos irnos a Cancún.”

Y entonces, “con toda esa belleza de mar yo no disfrutaba; estaba muerto en vida”. Chin. Pero entonces vio la Ley Electoral y se enteró de que “podía haber sustituciones de candidatos”. Y le dijo a su esposa: “yo no puedo estar así, voy a entrarle”.

Y que se regresa y busca a Cárdenas “y le digo fíjese que siempre sí. Y me dice, fíjese que ya no se puede, ya se venció el plazo. Fíjese que sí se puede, Ingeniero, si renuncian los otros yo me puedo inscribir. Entonces, si es así, pues sí”, dijo democráticamente Cárdenas.

Y hecho eso pasó la crisis y “me volvió el alma al cuerpo.”

Y ya se fue a Tabasco a hacer campaña. Y Salinas le ofreció que si renunciaba lo hacía subsecretario en el gobierno federal. Pero AMLO dijo que no.

Y no ganó la gobernatura… ¿Por qué? Pues porque hubo “un gran fraude”.

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