Mi carta a Santa Claus

Alejandro Hope

Algunos odian diciembre. Yo no. Es el momento del año en el que nos podemos permitir una dosis de esperanza, en el que podemos desear que llegue lo que probablemente no vendrá. Es el mes para pedir lo imposible y lo improbable.

¿Yo que quiero en estas fechas de ilusión indebida? Solo seis cosas:

1. Un cambio de tendencia. 2017 fue terrible: algo más de 30 mil víctimas de homicidio, más en términos absolutos que en cualquier otro año de la historia reciente del país. Peor aún, el crecimiento no cedió nunca. Es mucho pedir una disminución sustancial del número de asesinatos, pero espero y deseo que al menos los números se estabilicen, la curva se doble y ya no sigamos dando noticias cada vez peores.

2. Un milagro en algún lado. A veces, lo inesperado sucede. A veces, las intervenciones funcionan. A veces, la situación mejora donde menos se espera. Así sucedió en Ciudad Juárez entre 2010 y 2012, cuando los homicidios disminuyeron 90%. Luego vendrían milagros similares en Monterrey y La Laguna. Antes, algo parecido sucedió en Tijuana. Hace tiempo que no vemos un proceso de ese tipo en ninguna parte, pero ojalá 2018 traiga una sorpresa. En Baja California Sur, por ejemplo. O en Colima. O en Guerrero. O en algún lado.

3. Compasión para las víctimas del delito. Para todas las víctimas. Nada de “se matan entre ellos” o “seguro algo habrá hecho” o “dicen que andaba metido”. Un muerto es un muerto. Sea quien sea y haya hecho lo que haya hecho, deja deudos, deja familia, deja a alguien que lo llore. Amerita compasión y justicia, así haya sido un desalmado en vida.

4. Datos, datos y más datos: no hay mejoría posible al problema de seguridad si no se mide adecuadamente. Por ello, necesitamos más y mejor información. En años recientes, el Inegi ha hecho mucho para mejorar las estadísticas nacionales sobre seguridad y justicia. Por su parte, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública empezará a publicar hoy cifras de incidencia delictiva en un nuevo formato, con más información sobre víctimas del delito. Son pasos que van en la dirección, pero faltan otros. Por ejemplo, se necesita facilitar radicalmente la denuncia y hacer pública la incidencia delictiva a nivel calle o cuadrante. Lo primero empieza a suceder de manera incipiente en algunos lugares (Morelia, por ejemplo) y lo segundo ha sucedido de manera discontinua (en la Ciudad de México). Ojalá veamos más de esos esfuerzos en 2018.

5. Una dosis de seriedad: un proceso electoral no es el mejor momento para tener una discusión seria sobre problemas graves. Todos prometen todo, todos se enfrascan en una batalla de frivolidades. Pero en medio del ruido, pueden surgir algunas ideas innovadoras o algunos golpes de creatividad. Y ya en la segunda mitad del año, ya con un equipo de transición en funcionamiento, tal vez sea posible tener una discusión medianamente seria sobre seguridad y justicia. Al menos eso espero.

6. Éxito para las autoridades. Dios y mis diez lectores saben que no soy partidario del gobierno federal. No obstante, deseo sinceramente que le vaya muy bien en 2018 a los responsables de la política de seguridad y justicia. Y se los deseo por una razón muy sencilla: si a ellos les va a mal, a nosotros nos va pésimo.

Felices fiestas a todos.

Nota: le mando un fuertísimo abrazo a mi amiga María Elena Morera en esta hora tan difícil para ella y su familia.

 

[email protected] @ahope71

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