Los extraños datos de Sedena

Alejandro Hope

Hace un par de días, el diario El Economista publicó una nota en la que aseguraba que los decomisos de droga en el primer trimestre de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador se habían colapsado en comparación con el arranque de los dos sexenios previos (https://bit.ly/2FJj5Bv).

Colapso no es hipérbole: según la nota, por dar un ejemplo, sólo se incautaron 4 kilos de cocaína entre diciembre y febrero, contra 1.3 toneladas en el mismo periodo del gobierno de Peña Nieto y casi 1.5 toneladas en el de Calderón. Las cifras para otras sustancias, como la heroína o la goma de opio son similares.

El autor de la nota citó como fuente a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Y sí, en efecto, los datos reportados se pueden encontrar en la página de esa dependencia ¿Son correctos entonces? ¿Hubo en efecto un desplome de los decomisos de droga realizados por el Ejército? No realmente. O al menos no lo podemos afirmar con la información disponible.

La primera pista de que hay algo raro en los datos es el hecho de que la propia Sedena informó entre diciembre y febrero de múltiples decomisos individuales que rebasan los supuestos totales trimestrales. Por ejemplo, el 3 de diciembre, personal del Ejército y de la Policía Federal decomisaron una avioneta en Chetumal, Quintana Roo, que llevaba más de una tonelada de cocaína (https://bit.ly/2KR20aO). Otro ejemplo: el 28 de enero, en Amozoc, Puebla, elementos de Sedena, en coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública estatal, incautaron 100 kilos de cocaína (https://bit.ly/2Uf6n7A).

Por otra parte, al consultar directamente los datos de Sedena (https://bit.ly/2UqxNXz), me brincó una anomalía: los decomisos reportados de armas, vehículos o dinero, así como las detenciones, van más o menos en línea con los datos de años previos. Por ejemplo, entre enero y febrero, se decomisaron 1657 vehículos terrestres. Si se mantiene esa tendencia, cerraría el año con 10,251 vehículos incautados, un número en el mismo orden de magnitud que el total del año pasado (11,972).

En el caso de las drogas, la situación es distinta: allí si hay una enorme divergencia entre los datos reportados y los de años previos. La divergencia está en los decomisos de drogas. La clave para entenderla está en esta leyenda que acompaña a las gráficas que se encuentran en la página de Sedena: "Resultados en proceso de validación por el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (Cenapi)"

El Cenapi es una unidad de la Fiscalía General de la República (FGR) que, entre otras cosas, se encarga de validar que un decomiso de algo que parece droga ilegal sea efectivamente droga ilegal. Eso requiere trabajo de laboratorio.

Pero resulta que los laboratorios de la a Coordinación General de Servicios Periciales están desbordados y los dictámenes pueden tomar meses. En consecuencia, hay un rezago importante en el registro de las incautaciones de droga. En otro tipo de decomisos (armas, vehículos, etc.), es menor el problema, por razones obvias (los dictámenes son más sencillos).

Entonces, puedo afirmar con casi absoluta certeza que estas cifras de Sedena muestran un rezago en el registro, no un colapso en los decomisos.

Pero, más allá de la precisión de las cifras, ¿por qué sería deseable tener más decomisos? Habitualmente, los analistas especializados en estos temas interpretan un incremento en la incautación de droga como un brinco en el volumen traficado, no como un mayor esfuerzo de las autoridades.

En conclusión, no hay que irse con la finta: para bien o para mal, la guerra contra las drogas sigue en el gobierno de López Obrador.
 

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