El robo del MAPA y los damnificados culturales

Adriana Malvido

Una de las naves favoritas de la memoria humana para viajar, hacia adelante o hacia atrás en el tiempo, son los museos.

El 12 de febrero, día del nacimiento de Darwin, pero del año 2000, en Cuernavaca, Morelos, despegaba una nave: el Museo de Acervo Paleontológico (MAPA), para abrirnos el álbum de la memoria de la Tierra y convocarnos a participar de un larguísimo viaje, desde el Big Bang hasta hoy. Al capitán lo conozco, es mi hermano Roberto Malvido Arriaga, un ingeniero civil que desde niño descubrió las maravillas contenidas en los fósiles. Su profesión lo llevó a recorrer México y a coleccionar los especímenes más característicos de cada lugar, así se adentró en la comunidad científica, lo que le facilitó tanto la ubicación de las localidades fosilíferas, como la identificación precisa de las piezas. Al principio iba de escuela en escuela, con su museo ambulante y su afán de compartir su asombro y sembrar curiosidad en los niños mientras daba a conocer la historia del tiempo y del universo con piezas del Paleozoico, el Mesozoico, el Cenozoico o el Precámbrico. Abría un tríptico de madera y comenzaba su narración: “Hace 15 mil millones de años…”.

Cuando Roberto reunió 900 piezas de México y otros sitios del planeta, decidió darle hogar fijo a su acervo y abrió las puertas del MAPA, “para que entres a descubrir el pasado y salgas a reconciliarte con la naturaleza”, como dice la placa de bienvenida. Entonces Morelos sabía más de jacarandas y buganvilias que de balas y secuestros. Y desde ese día, con un poco de imaginación, los niños han podido escuchar el canto de una ballena, palpar el polvo celeste de los meteoritos, conocer la historia que narran las piedras o los restos de los dinosaurios, oír al mar de hace millones de años dentro de un caracol; preguntarse de dónde viene el insecto atrapado en ámbar, por qué las hojas fosilizadas conservan su color, a qué horas dejaron de reproducirse los mamuts o en qué momento el hombre fue capaz de hacerse preguntas.

El MAPA sobrevivió al sismo del 19 de septiembre, pero no a la delincuencia. Y la semana pasada le robaron 20 de las piezas más antiguas de la colección. Meteoritos como el “Allende”, que guarda burbujas con gas de la nebulosa que formó nuestro sol; fósiles de las algas marinas que hicieron posible las condiciones atmosféricas para que explotara la vida en la Tierra; amonitas y defensas de Mamut… piezas únicas e irrepetibles, pero, también, parte de un guión museográfico al que le arrancaron las 10 primeras páginas de la historia de la vida en nuestro planeta.

El golpe duele, por las piezas del Precámbrico en manos de delincuentes. Por visitantes del MAPA, como Eva Lobaton, que lo describe como: “pequeño y maravilloso museo que no ha dejado de iluminar a Cuernavaca, una ciudad que hoy se encuentra sumida en la más absoluta oscuridad”; por el creador del acervo que, mientras robaban, recorría los Altos de Morelos donde apoya las tareas de reconstrucción de casas que colapsaron con el sismo, y por quienes queremos mantener la esperanza de la fraternidad.

La nueva Asociación de Museos de Cuernavaca, cuyo presidente será el director del MAPA, tendrá enormes retos. La prohibición de la SEP, desde 2014, de que grupos escolares de Morelos hagan visitas fuera de las aulas ya sea a un museo, a Teotihuacán o a Chapultepec, debido a la inseguridad, es señal de la existencia de una nueva categoría: los damnificados culturales. Por lo pronto, el Museo de Acervo Paleontológico vuelve a ser ambulante por un tiempo. Los demás buscan cómo reinventarse. Para continuar el viaje.

 

adriana.neneka @gmail.com

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