Alejandra Frausto y el futuro de Los Pinos

Adriana Malvido

Como dijo el antropólogo Eduardo Nivón, fue una reunión “inaudita”. Alejandra Frausto, quien será secretaria de Cultura en caso de que gane la Presidencia Andrés Manuel López Obrador, llegó puntual antier a la Casa Galván en la colonia Roma para encontrarse con los autores del libro ¡Es la reforma cultural, Presidente! y con los integrantes del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura (Grecu), que planean una cita con los enlaces culturales de cada coalición política. La representante de la alianza Juntos haremos historia respondió más de 20 preguntas y cuestionamientos a lo largo de dos horas sin interrupción. Con agilidad y muy buen humor.

Frausto definió su proyecto central: “Situar a la cultura en un lugar estratégico para la reconciliación, para la paz, para el desarrollo comunitario, para la recuperación de la confianza, para generar proyectos colectivos en cada municipio, para generar una realidad distinta”. El eje prioritario, dijo, es dar una alternativa cercana: “El centro de nuestra propuesta es la persona y la vida cotidiana de la persona. Que su vida sea mejor, que su realidad sea más profunda y más armónica. Conocemos ese poder transformador del arte y hay que ponerlo en juego”. Es un cambio de política pública en donde, insistió, la cultura no es adorno ni lujo, es el centro de una política de desarrollo. Y es importante “generar una política de desarrollo económico a partir de la cultura”. La diversidad cultural “es nuestra mayor fuerza y nos da no sólo presencia sino influencia en el mundo”.

Se habló de temas puntuales. Y llegó mi turno para una pregunta. La comparto aquí: Si un paso a la descentralización sería, como lo ha expuesto (con Alida Piñón, en El Universal, 11/04/18), cambiar la sede de la Secretaría de Cultura a Tlaxcala ¿no es contradictorio convertir Los Pinos en un centro cultural o espacio museográfico ahí donde más concentración de museos hay?

Respondió: “El proyecto de Los Pinos parte de una premisa muy simbólica de darle al arte el lugar que le corresponde. Cambiar la cultura del poder por el poder de la cultura en un espacio simbólico en donde se ha pensado el país durante décadas. Y quién mejor que piense el país que debemos tener, que los creadores y los artistas. Será un punto de encuentro. Efectivamente (Los Pinos) se encuentra en un espacio extraordinario como es el bosque de Chapultepec, pero está amurallado. Hay que bajar las murallas, hay que hacer un corredor para la ciudadanía. Abrimos una página para recibir propuestas de lo generaremos ahí (lospinosparatodos.org.) Se habló de residencias artísticas, yo creo que es totalmente pertinente que ahí suceda una vida cultural poderosa para artistas emergentes, para el sector de los jóvenes, para quienes estamos diseñando un programa a nivel nacional. Se trata de amabilizar esta infraestructura, y yo creo que darle un simbolismo distinto a este lugar es también un homenaje a Amalia y Lázaro Cárdenas, que deciden no vivir en el Castillo de Chapultepec, dejan este espacio y se convierte en el Museo Nacional de Historia. Pues ahora se trata de transformar simbólicamente el sitio, y qué mejor que la imaginación radical de los artistas para repensar un espacio de poder”.

En un país roto, el sector cultural no puede seguir viendo la violencia desde un palco… Cuando Frausto hablaba del deterioro social, aún no sabíamos lo que la fiscalía de Jalisco daría a conocer el mismo lunes: la muerte, en condiciones de violencia y horror indescriptibles, de Javier Salomón Aceves, Jesús Daniel Díaz y Marco Francisco García, tres jóvenes estudiantes de cine desaparecidos desde el 19 de marzo. Y, de parte de la PGR, la caída del “presunto” asesino de Javier Valdez… Me pregunto: ¿Por dónde hacia una luz al final del túnel?

 

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