Cuando en la XEW daba arcones navideños

Mochilazo en el tiempo

El arcón navideño tiene sus raíces en los Saturnales de la antigua Roma. En México, este obsequio se popularizó gracias a los clásicos arcones que ofrecía la estación XEW. Actualmente la costumbre de regalar cestas navideñas ha sido desplazada por productos más novedosos, pero permanece en el recuerdo de muchos mexicanos.

Texto y fotografías actuales: Anahí Gómez

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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María Teresa tiene un puesto de canastas de mimbre frente al mercado de curiosidades y artesanías mexicanas San Juan; mientras espera clientes fuma un cigarrillo y se para llena de confianza, como si supiera el momento exacto en que llegara alguien a comprar en su negocio. Ella tiene 65 años, el pelo cano y una fuerte presencia; desde hace 47 años vende canastas artesanales y en las fiestas decembrinas las adorna para convertirlas en arcones navideños.

Lo cierto es que antes, a finales de año, despachaba varios de sus productos, pero ya no es lo mismo: “Cada vez se vende menos, en otros tiempos vendíamos por cientos, ahora vendemos una”, se lamenta Teresa. Recuerda que los arcones de los años ochenta solían traer sobre todo despensas, una que otra botellita de rompope, jabón y algunos enlatados.

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Doña María Teresa posa a un lado de sus canastas de mimbre. Ella dice que la Navidad le trae recuerdos hermosos, aunque a veces también la hace sentir triste y nostálgica.

Ella aprendió del oficio por su padre, quien siempre se dedicó a vender canastas. Tiene la certeza de que él empezó con la tradición de los arcones navideños en México, “incluso, los de la XEW venían a comprarle a mi papá”, dice.

Eran los arcones W los más famosos del área metropolitana, muchos capitalinos todavía recuerdan aquellas canastas que desbordaban con diferentes productos, mismos que se ofrecían a través de promocionales que difundía la radiodifusora.

“La Voz de América latina desde México”, anunciaban en la XEW, empresa que inició transmisiones por primera vez el 18 de septiembre de 1930. La ceremonia de inauguración fue encabezada por el fundador de la estación, Emilio Azcárraga Vidaurreta y Aarón Sáenz, el entonces secretario de educación; Iniciaron con cinco mil watts de potencia y cuatro años después aumentaron a 50 mil watts. Para 1935, sus ganancias fueron destinadas a la construcción del Teatro Alameda.

En sus cabinas se formaron grandes artistas como María Félix, Jorge Negrete, Cri-Cri, María Victoria, Mario Moreno “Cantinflas” y Pedro infante, el galán de galanes que ponía a temblar los corazones de las féminas con románticas melodías: “amorcito corazón, yo tengo tentación, de un beso”.

Al respecto, en un breve artículo titulado Menos palabras y más música, Enrique Krauze rememora: “Las familias se reunían democráticamente en torno a un personaje habitual, presente lo mismo en las ricas residencias de las Lomas que en las humildes vecindades del centro: el aparato de radio. (…) El alma de la radio no era intelectual, teatral, informativa o comercial: el alma de la radio como la de México, era – y siempre será- musical”.

La XEW cambió totalmente la forma de hacer y oír música. Igualmente inició la etapa del radioespectáculo en México, por sus enormes producciones que interactuaban en vivo con famosas personalidades de la época.  Las entrañas de la radiodifusora se musicalizaban también con temas de Cuco Sánchez, cuando en los años 40 nació el mágico “Arcón W”.

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En las antiguas instalaciones de la XEW, durante los años sesentas, se entregaban arcones navideños al público en general.

Los objetos que se entregaban dentro de los canastos provenían de las marcas que se anunciaban en la estación; de esta forma lograban un sitio especial en los hogares y en las mentes de los mexicanos. Para sorpresa de todos, también contenía pantaletas, calcetines y para quienes se pusieran especiales, el arcón se podía armar de forma libre.

“Dos cajas de té, bolsa para dama, ron y sidra (…)”, una voz varonil proseguía con un listado de artículos, para luego cerrar triunfante: “Todo vale, comprobado, 465, cómprelo por sólo 175 en W ayuntamiento 50, dotación limitada”. Había arcones para dama, para caballero, para la abuelita o el nieto, la novia y hasta el ejecutivo. Los precios también variaban dependiendo de los productos que rellenaban el vientre de mimbre.

Por años estos comerciales se convirtieron en la tonada que anunciaba la llegada del ponche. El primer programa en promocionar los arcones fue “El club Familiar”, que salió al aire en 1947, emisión de la XEX que publicitaba productos para el hogar, conducida por Pedro Ferriz Santa Cruz y Daniel Pérez Arcaráz.

Tiempo después, con exactitud en 1951, “El club familiar” pasaría a la televisión con el nombre de “El club del hogar”, llevado por Daniel Pérez Arcaráz y Francisco Fuentes “Madaleno”. Fue así como el arcón migró de la XEX a la XEW, ambas del consorcio Radiópolis.

Pese a que esta fue una hermosa tradición mexicana por varias generaciones, cuando EL UNIVERSAL trató de buscar más información, los trabajadores de lo que hoy conocemos como Televisa Radio, tanto en las instalaciones de Ayuntamiento como en las de Tlalpan, parecen desconocerla y se mostraron renuentes e incluso hostiles para platicar de aquellos arcones que traen nostalgia a tantos mexicanos.

Con cierto desdén, la recepcionista de Radiópolis cuenta que lleva varios años en ese empleo y recuerda que en “la W la Navidad llegaba con villancicos y las canastas se rellenaban con despensas, luego la gente hablaba para comprarlas o concursaban para ganarlas”.

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Doña Teresa pasa gran parte de su tiempo en su puesto de canastas. La decepciona que la gente ya no regale arcones navideños y que cada vez venda menos.

Ella explica que los premios para los radioescuchas han cambiado, lo que ahora se da son sobre todo boletos para conciertos, obras de teatro o eventos especiales. “Hoy ya no hay nadie que te pueda hablar de los arcones, reina, ya todos se fueron, los arcones ya ni siquiera existen”, sentencia, no sin antes negarse a dar su nombre: “invéntame un nombre, el que tú quieras, yo no puedo dar esa información”.

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Hoy en día los arcones navideños también pueden hacerse en el hogar para que el precio sea más accesible.

Por su parte, en uno de sus textos, Mario Alberto Pérez, en su columna Ondas de Radio, evoca la radio navideña, sobre todo a sus locutores en vivo que en los años ochenta hacían sentir claramente la época con Jingles, cuentos y algunas posadas que se transmitían en las estaciones musicales. Todo acompañado con canciones temáticas: Las ardillitas de Lalo Guerrero, la Blanca Navidad de Bing Crosby, Los peces en el río de Pandora y hasta el Baile del Santo Clós del Grupo Exterminador.

“Había caravanas de regalos de los diferentes grupos radiofónicos y daban despensas, pavos y otros muy atractivos premios. Y cómo olvidar la tradicional canasta navideña de la XEW, que contenía un par de medias, una botella de rompope, una caja de galletas, y como regalo principal... ¡Era otra época! Hoy todo es diferente. Es más frío”, rememora Mario Alberto.

“Las canastitas de navidad eran lo más pintoresco, lo más bonito, además en la radio se escuchaban campanitas, todo muy alegre”, expresa don Juan Vázquez, un hombre que dedicó toda su vida a ser tapicero y camina lento por las calles de la Ciudad de México; él tiene 87 años y desempolva sus recuerdos de los programas radiofónicos: “escuchaba las estaciones, las radionovelas que me hacían imaginar todo. En esas épocas prendías el radio y se sentía el espíritu navideño”. Don Juan tiene la certeza de que todo tiempo pasado fue mejor.

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Don Juan Vázquez usa una boina especialmente para posar en la foto. En épocas decembrinas suele sentir que su vulnerabilidad sentimental aumenta, pues recuerda los tiempos pasados que ya no volverán.

En Ayuntamiento, cerca de la XEW, EL UNIVERSAL entrevistó también a Refugio Alvarado, quien se sienta en una banquita. Serio, mirando alrededor recuerda a su padre: “Mi papá era muy humilde y dormía en las bancas; se podría decir que yo ahorita estoy disfrutando con él”, lo atraviesa un segundo de angustia y luego sonríe. Su cabello blanquecino delata los 69 años que lleva consigo; mira con reserva la Navidad y se autodenomina como “medio ateo”. Recuerda que los arcones eran un lujo que nunca pudo tener: “los de la W hacían sus arcones y para nosotros era algo fabuloso”.

Refugio piensa en las épocas de gloria de la radio mexicana y confiesa: “Yo iba a participar en la XEW en un programa de canto para niños, iba a cantar Grítenme piedras del campo, pero mi papá no quiso, la verdad me quedé con ganas de cantar: háblenme montes y valles, grítenme piedras del campo; cuándo habían visto en la vida, querer como estoy queriendo”.

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Refugio Alvarado pide: “tómame la foto pero que no se vea la iglesia. Ya luego le pones 'viejito loquito hablando'”.

La sportula en la antigua Roma
 
 

Los arcones,  las cestas o canastas navideñas están presentes en Europa y América Latina. De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, el término arcón alude a la palabra arca; caja que se usa para guardar diferentes tipos de objetos. Pero ¿de dónde viene el arcón navideño? Una cuestión con respuesta breve: de Roma.

Los antiguos romanos tenían una simbólica relación clientelar basada en un “cliens” o cliente y un “patronus” o patrón. El hecho es que los clientes buscaban a patrones que los acogieran como parte de su familia; esto representaba un honor para los hombres libres de estratos sociales inferiores, sobre todo cuando se ponían a disposición de personas adineradas o de buen linaje.

El patronus, a cambio de la protección que brindaba al cliens, exigía que este último se despertara a tempranas horas para ir a saludarlo y ponerse a sus órdenes. A este ritual se le denominaba con el nombre de saludo matutino o salutatio matutina. Como recompensa el patronus entregaba al cliente diferentes regalos, entre los que se encontraba la sportula, que era un cesto con alimentos. Es la sportula la versión primera de lo que hoy llamamos cesta navideña.

En el año 200 A.C, los romanos destinaron un festejo al Dios Saturno; le llamaban Saturnales y se festejaban en los últimos días de diciembre. Era una temporada esperada por los esclavos, a quienes sus amos les servían comida abundante. Los clientes también eran premiados con grandes sportulas; solían entregarse obsequios en señal de buen augurio para el inicio del nuevo año.

En este mismo sentido Ángel Cañas, Coordinador de arte Popular de Consejo Nacional para la Cultura y el Arte -Concultura de El Salvador-, asegura que los indígenas latinoamericanos acostumbraban regalar comestibles en canastas de diversos materiales como bambú, mimbre o en huacales. En ellas obsequiaban granos básicos y dulces.

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En el mercado de curiosidades y artesanías mexicanas San Juan, todavía permanecen varios puestos de canastas artesanales. En los mismos negocios adornan los arcones navideños.

Pero no fue hasta las décadas de los 40 y 50 cuando esta costumbre fue explotada con fines comerciales en América Latina y Europa. Aún con el enorme periodo de tiempo que ha transcurrido, son muchos los detalles que todavía permanecen, principalmente porque la tradición viajó desde las festividades paganas de los romanos, hasta los festejos cristianos de Navidad, ambos en el mismo mes.

Los usos se adaptaron a cada país, en México todavía sucede que los dueños de las fábricas obsequian baúles o canastas con alimentos a sus empleados. De acuerdo a una revista de circulación nacional, se tiene registro de que la reina Victoria del Reino Unido disfrutaba de dar cestas con velas decoradas y almendras confitadas en la temporada navideña.

Inclusive, en nuestro país se entregan vinos, tequilas, enlatados y embutidos en cajas de cartón o grandes bolsas de plástico. Así aunque la presentación cambia, la esencia permanece.  

Al respecto Refugio Alvarado cuenta: “A mi abuelo le llegaron a regalar, él vendía coco rallado a pastelerías, su patrón era un señor de apellido Zárate. En Navidad, como agradecimiento, le regalaba café con botellas de vino, aunque no era el arcón clásico, se lo daba en un cartón”.

Desconocido entre las nuevas generaciones
 
 

Las nuevas generaciones desconocen el arcón navideño. Herzon Castillejos, practicante en el programa radiofónico Los 40 principales, de la estación 102.7 FM, de Televisa Radio, también se mostró confundido al desconocer la existencia de “el arcón W”, apenado mencionó: “Pregunté sobre los arcones y nadie tiene idea. Hasta fui con los jefes a W, acá en los 40, en la Ke Buena y hasta con los del sindicato, pero ni siquiera sabían qué era”.

Actualmente este tipo de obsequios son más frecuentes en el ámbito empresarial. Del mismo modo, debido a los precios elevados, la mayoría de la población no tiene acceso a muchos de los productos que puede contener.

De acuerdo a datos de la Profeco (Procuraduría Federal del Consumidor), los mexicanos prefieren regalar despensas económicas, con 15 o 20 productos de uso común, como sopa de pasta, aceite, frijol, gelatina y enlatados. Generalmente se entregan en cajas de cartón, bolsas o contenedores de plástico y son ofrecidas al personal obrero de diferentes empresas.

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Esta fotografía tomada en 1995, muestra a un hombre que observa detenidamente a través de una vitrina comercial, en la que se ofrecen diversos productos para armar un arcón navideño.

Hermelinda Rojas tiene 50 años y cree que “eso de los arcones es un regalo de lujo, traen cosas que no se consumen normalmente. A mí una vez me regalaron una canasta, pero con frutas, algo más sencillo”.

Una investigación realizada por el programa Quién es Quién en los Precios arrojó que hay canastas y despensas desde 69.90 hasta 350 mil pesos. Aun así el promedio de los costos en arcones  oscila entre los 800 y 9000 pesos.

Tanto en la XEW, como en la vida cotidiana, los arcones han sido sustituidos por obsequios de otra índole. Don Juan, con aire apocalíptico, asegura que todo desaparece, “hasta los muñequitos con los que se adornan se quedan atrás. Antes se regalaban unas tarjetas navideñas, las mandaba uno a hacer con tiempo para regalarlas. Era muy bonito. Hoy ya no se acuerdan de la Navidad, poco a poco se va, se termina, ya ni a las piñatas… Sobre todo porque muchas cosas están muy caras”.

Los arcones se modificaron a la par que los tiempos de modernidad, ahora podemos encontrar páginas web especializadas en vender estos productos, aunque diferentes a los originales; hay arcones con chocolates, Vodka, botanas, galletas y de más. Basta con poner la palabra “Arcón navideño” en el buscador de internet, para que aparezca ante nosotros un listado de opciones que llevan a descubrir bastas posibilidades.

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Una práctica de varios supermercados, es ofrecer a los compradores canastas con despensas; las venden como obsequios navideños y aseguran realizar descuentos en cada uno de los productos que contiene el arcón.

En W radio, en el programa El Weso, conducido por Enrique Hernández Alcázar, Julio Ordóñez y Daniel Guerra,  se realizó una sátira con tintes políticos a las viejas, muy viejas cestas navideñas.

Con una canción que hace mover los hombros al ritmo de una divertida tonada, las voces de Enrique Hernández Alcázar y Julio Ordóñez anuncian: “El Weso trae para usted los tradicionales productos de ¡El Arcón W!: en esta ocasión contiene una gallina ponedora, para que ponga huevos y no tenga que pagarlos como si fueran de oro, ya que el blanquillo sigue cotizándose a la alza sin razón justificada, según la Profeco; una cama política, para que juegue a brincar como la asambleísta Polimnia Romana Sierra, que brincó del Sol Azteca al PRI”.

En 1995 Esteban Arce y el Burro Van Rankin, también realizaron su propia mofa cargada de una intención más dicharachera: “El Arcón W te incluye una lata de comida para perro podrida de la despensa de Ernesto Laguardia, Disco de Genaro Moreno y el Pecas unplugged, un bucle del pelo de Cepillín con sarna”, entre risas, con una canción navideña de fondo, siguen con el repertorio para finalizar: “Todo esto, comprobado, 700 nuevos pesos, ahora 700 también, no hay descuento y no la haga de tos”.

Sobre los tiempos pasados, el radio y sus obsequios, el escritor mexicano Fernando González Gortázar, en su breve escrito ¿Qué hacemos con la radio?, puntualiza: “Hoy en día, (…) la ilusión se estrella contra un universo auditivo zafio que parece diseñado para hacer de México un banal país de idiotas. La música, que casi es a la radio lo que el agua es al mar, ha sido crecientemente suplantada por las interminables peroratas de locutores que se creen imprescindibles y admirables, graciosos, omniscientes y hasta poéticos”.

En fin, ya viene el 2018 y de nuevo las 12 uvas. Otra vez la gripe, las campanas, las luces que cuelgan en las casas, las enormes chamarras que cubren los cuerpos de las personas, las nochebuenas adornando la ciudad… Pero este año ¿cuántos regalarán un arcón navideño?

Fuentes: Entrevistas a María Teresa, Refugio Alvarado, Juan Vázquez, a una recepcionista de Radiópolis Tlalpan, Hermelinda Rosales y al practicante Herzon Castillejos. La brújula de compra de Profeco. Asocian de Radio del Valle de México. Revista Algarabía No. 123. Letras libres: Días de Radio por Antonio Alatorre, Enrique Krauze, Gerardo Deniz, Fernando González Gortázar, José de la Colina y Luis Ignacio Helguera. 

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