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El embarazo es la etapa de desarrollo del feto, momento en el cual se va formando la estructura vital, incluyendo el corazón, antes de llegar al nacimiento; pero existen variables biológicas que pueden alterar el desarrollo de uno de los órganos y, en el caso del corazón, a estas alteraciones se les conoce como cardiopatías congénitas.
Este tipo de cardiopatías representan un desafío importante para la medicina moderna, pero gracias a los avances en el diagnóstico prenatal y a instituciones especializadas, el panorama para estos pacientes ha cambiado radicalmente en las últimas décadas.
Según explica el Dr. Alexis Palacios Macedo, jefe de la división de cirugía cardiovascular del Instituto Nacional de Pediatría y líder en el Centro Pediátrico del Corazón del Centro Médico ABC, una cardiopatía congénita es, por definición, una enfermedad con la que el niño nace.

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A diferencia de las afecciones adquiridas que degeneran un corazón previamente sano, estas se gestan durante el período embrionario. Con una incidencia que ronda el 1% de los nacimientos a nivel mundial, entender su origen y, sobre todo, su detección temprana, es fundamental para salvar vidas.
La importancia del diagnóstico prenatal: detectar antes de nacer
Una de las preguntas más frecuentes entre los futuros padres es si es posible saber si el corazón del bebé está sano antes del parto. La respuesta es un sí. El desarrollo del corazón es un proceso acelerado; para la octava semana de gestación, el órgano ya está formado casi en su totalidad como estará al nacer.
El diagnóstico oportuno comienza en la consulta ginecológica de rutina. Durante los ultrasonidos estructurales que se realizan en los primeros meses, el ginecólogo tiene la misión de observar la anatomía general. Si detecta alguna anomalía o "alteración gruesa" en la formación cardiaca, el protocolo dicta la referencia inmediata a un cardiólogo especialista en ecocardiografía fetal.
Este nivel de especialización permite diagnosticar con precisión diversas cardiopatías entre las semanas 18 y 20 del embarazo. Saber que un bebé nacerá con una condición cardiaca no solo prepara emocionalmente a la familia, sino que activa un sistema de alerta médica.
Para las cardiopatías más complejas, que pueden poner en riesgo la estabilidad del neonato en sus primeros minutos de vida, contar con un equipo preparado para intervenir al momento del nacimiento marca la diferencia entre la vida y la muerte.
Clasificación y causas: el espectro de las afecciones cardiacas
No todas las cardiopatías son iguales. El espectro es sumamente amplio, abarcando desde pequeños orificios que pueden cerrar espontáneamente sin intervención, hasta malformaciones críticas. Médicamente, se dividen en dos grandes grupos:
- Cardiopatías cianóticas: aquellas que impiden una oxigenación adecuada de la sangre, dándole al paciente una coloración azulada.
- Cardiopatías acianógenas: aquellas que, aunque presentan defectos estructurales, no alteran los niveles de oxígeno en la sangre de manera inmediata.
También se clasifican según si son obstructivas (en el lado derecho o izquierdo del corazón) o no obstructivas. En cuanto a su origen, el Dr. Palacios señala que en la mayoría de los casos la causa es desconocida.
Si bien existen factores genéticos y una ligera predisposición hereditaria (un riesgo mayor si ya hubo un hijo previo con la condición), también influyen factores ambientales. El consumo de alcohol, ciertas drogas o medicamentos específicos durante las primeras ocho semanas de embarazo pueden condicionar estas malformaciones, aunque no siempre existe una relación causa-efecto directa y clara.
Innovación en el tratamiento: de la cirugía al intervencionismo
Una vez diagnosticada la condición, el enfoque se centra en el tratamiento para cardiopatías. La medicina actual permite que la gran mayoría de estas afecciones tengan una solución o, al menos, una mejora significativa en la funcionalidad del órgano.

El tratamiento para cardiopatías se divide principalmente en dos vertientes:
Cirugía pediátrica
La cirugía cardiaca pediátrica sigue siendo el pilar para los casos complejos. Se estima que entre el 70% y 80% de los niños con cardiopatías deben ser intervenidos durante su primer año de vida.
En algunos casos, la cirugía es correctiva (repara el daño totalmente); en otros, es paliativa, reordenando las estructuras para que el corazón trabaje de forma más eficiente. El éxito de la cirugía pediátrica depende en gran medida de la prontitud del diagnóstico y de la infraestructura del centro hospitalario.
Cateterismo pediátrico e intervencionismo
Para afecciones menos complejas, como la comunicación interauricular o la persistencia del conducto arterioso, él cateterismo pediátrico es la opción preferida. Este procedimiento es mínimamente invasivo y consiste en introducir tubos delgados (catéteres) a través de venas o arterias para llegar al corazón.
Mediante el cateterismo pediátrico, los especialistas pueden dilatar estructuras estrechas o cerrar orificios sin necesidad de abrir el pecho del paciente, lo que reduce considerablemente el tiempo de recuperación y los riesgos asociados.
Más allá del diagnóstico
El panorama para un niño que nace con una cardiopatía hoy es mucho más alentador que hace unas décadas. Aquellos con defectos simples suelen tener una evolución excelente y una vida normal tras la corrección. Para quienes enfrentan cuadros complejos, el seguimiento estrecho por grupos multidisciplinarios es la clave, indica el Dr. Palacios.
La existencia de unidades de alta especialidad, como el Centro Pediátrico del Corazón ABC-Kardias garantiza que los pacientes reciban atención con recursos de vanguardia y personal médico y de enfermería en capacitación constante. La detección oportuna no es solo un procedimiento médico; es la oportunidad de brindarle a un niño un futuro funcional y lleno de posibilidades.
La excelencia del Centro Pediátrico del Corazón del Centro Médico ABC trasciende la atención clínica convencional, consolidándose como un ecosistema de alta especialidad único en México.
En un mismo espacio, la institución despliega una oferta integral que abarca el diagnóstico por imagen de vanguardia y la ecocardiografía fetal, cateterismos pediátricos permiten realizar procedimientos de intervencionismo mínimamente invasivos para corregir defectos estructurales, mientras que la cirugía pediátrica de alta complejidad y los cuidados intensivos cardiovasculares neonatales representan el cenit de la seguridad y precisión médica.
Este compromiso con la innovación, respaldado por alianzas internacionales y un enfoque multidisciplinario, asegura que, ante cualquier cardiopatía congénita, cada pequeño paciente recupere no solo la salud de su corazón, sino la oportunidad de un futuro pleno y bienestar integral.
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