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La nueva etapa del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que permanecerá vigente al menos hasta 2036 bajo un esquema de revisiones anuales, ha colocado nuevamente al sector energético entre los temas estratégicos para la competitividad de Norteamérica.
En ese contexto, Carlos Raphael de la Madrid considera que la región enfrenta una oportunidad para fortalecer su integración, siempre que los tres países logren generar mayor certidumbre regulatoria y una agenda común que impulse la inversión.
La revisión del acuerdo comercial ocurre en un momento de creciente demanda energética derivada del fenómeno de relocalización de empresas (nearshoring), la expansión de centros de datos y la transición hacia fuentes de energía con menores emisiones.
Por esas razones, para el analista y especialista del sector energético, dichos factores convierten al sector energético en uno de los principales pilares para la competitividad regional durante la próxima década.
“El reto ya no consiste únicamente en garantizar el suministro energético, sino en ofrecer reglas claras que permitan atraer inversiones de largo plazo y consolidar cadenas de valor cada vez más integradas entre México, Estados Unidos y Canadá”, señala Carlos Raphael de la Madrid.
Durante el proceso de revisión del T-MEC, ambos vecinos y socios de nuestro país han manifestado inquietudes relacionadas con la política energética mexicana.
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Entre las principales exigencias, destaca el experto, se encuentran el fortalecimiento de la certeza jurídica para la inversión privada, el respeto a los compromisos asumidos dentro del tratado, condiciones de competencia equitativas para empresas nacionales y extranjeras, así como una mayor transparencia en los procesos regulatorios.
A ello se suma el interés por acelerar proyectos de infraestructura que favorezcan la seguridad energética regional y la transición hacia energías limpias.
Desde la perspectiva del analista, México cuenta con ventajas estratégicas para responder a estos desafíos gracias a su ubicación geográfica, su capacidad manufacturera y el potencial de sus recursos energéticos.
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No obstante, Carlos Raphael de la Madrid advierte que será indispensable fortalecer los mecanismos de coordinación institucional, brindar mayor certidumbre a los inversionistas y promover un marco regulatorio estable que incentive la modernización del sistema eléctrico, el desarrollo de infraestructura para gas natural y la incorporación de nuevas tecnologías para la generación de energía.
Asimismo, el especialista considera que una eventual actualización del T-MEC debería incorporar disposiciones que impulsen proyectos conjuntos de infraestructura energética, faciliten la cooperación tecnológica, promuevan inversiones en almacenamiento y transmisión eléctrica, fortalezcan la resiliencia de las cadenas de suministro y establezcan mecanismos más ágiles para la solución de controversias en materia energética.
Finalmente, Carlos Raphael de la Madrid concluye que la evolución del T-MEC representa mucho más que una negociación comercial.
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En su opinión, el futuro energético de Norteamérica dependerá de la capacidad de los tres países para construir un entorno de confianza que combine seguridad energética, competitividad industrial y sostenibilidad ambiental, elementos que serán determinantes para consolidar a la región como uno de los bloques económicos más dinámicos del mundo durante los próximos años.
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