¿Por qué nada en la vida es gratis según la economía?

Al no poder poseerlo todo, toda elección implica un costo... un costo de oportunidad
OTRAS
25/05/2015
01:54
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Cero Varo
Periodista egresado de la UNAM, con estudios en Economía. Coleccionista de billetes y narrador de sus historias, entre otras curiosidades financieras
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Desde cantar en la regadera hasta mirar un atardecer, son placeres que parecen demostrar que lo mejor de la vida es gratis. Algunos románticos agregarán el acto de dar un beso, y los más optimistas defenderán un simple paseo en el parque.

Sin embargo, para bien o para mal la ciencia económica nos aterriza en otra realidad que de hecho es parte de su objeto de estudio: la escasez. Porque en un planeta con recursos limitados ¿qué producimos y cómo los consumimos?

Ante esa imposibilidad de tenerlo todo, lo único que nos queda es hacer elecciones. Lo interesante es que la economía no solamente enfoca esa preocupación en el dinero, sino en prácticamente cualquier actividad del ser humano.

Si un día por la mañana no tienes ánimos de ir al trabajo, tienes de dos sopas: hacer el esfuerzo por levantarte o de plano tomarte el día. Pero sea cual sea tu decisión, implicará un costo: que te pierdas de un reconfortante día libre... o que tu jefe te despida por irresponsable. Ese costo tiene un nombre: es el costo de oportunidad.

Ese principio económico aplica hasta en el primer ejemplo de pasear en el parque pues ¿qué hubieras hecho de no haber tomado ese paseo? ¿convivir con la familia en casa? ¿terminar esa tarea pendiente? El "hubiera" no existe, y esa sencilla pero lapidante verdad ha sido estudiada, curiosamente, por los economistas.

Fue el austriaco Friedrich Von Wieser quien cuestionó en 1914 el concepto técnico y aburrido de "costo" que defendían entonces sus colegas ingleses. El término "costo de oportunidad" iba más lejos que definir un simple gasto de producción.

Paul Samuelson, Nobel de Economía en 1970, reflexionó en sus investigaciones sobre recursos escasos y alternativas. Imaginó a un gobierno que debía elegir entre fabricar cañones o mantequilla. En ese ejemplo (típico ya en clases universitarias) la guerra o la paz definía la decisión, pero de cualquiera manera algo se perdía.

De hecho, hoy en día las personas acostumbran tomar decisiones pensando en lo que ganarán pero no en lo que perderán. Así optan por estudiar una carrera, por casarse, por contratar un crédito. Esfuerzo, mayor responsabilidad o deudas, las pasan por alto. No ven pues ese costo de oportunidad y cuando hay que pagarlo ya no les gusta.

Michael Parkin, académico en universidades de Canadá e Inglaterra, explica en su libro básico de Microeconomía que "podemos considerar nuestras elecciones como intercambios" lo que "implica renunciar a una cosa para obtener otra". Es decir que "toda elección implica un costo" y por ello es que, por desgracia, nada en la vida es gratis.

Píldora roja o píldora azul

Pero entonces ¿cómo tomar una mejor decisión si de todas formas desperdiciamos algo? La respuesta es que las personas también toman decisiones al margen, esto es, seleccionar una en la que ganemos pero en la que también no perdamos tanto. En pocas palabras, acercarse al mejor equilibrio entre costo y beneficio.

En la película Matrix, el protagonista Neo debe elegir entre una píldora roja para aceptar la realidad apocalíptica y una píldora azul para mejor vivir engañado. En ambos casos perdía, pero probablemente el costo-beneficio de renunciar a su vida anterior para apoyar a Morfeo le resultó mas conveniente para sus convicciones.

"Cuando evaluamos los beneficios y costos marginales, y elegimos sólo aquellas acciones que ofrecen más beneficios que costos, estamos empleando nuestros escasos recursos de la manera más ventajosa posible", describe Michael Parkin.

Por ello, sacrificar el gasto para esperar las ganancias de alguna inversión vale la pena. O bien tramitar una tarjeta de crédito, pero conscientes de que después la tendremos que pagar con intereses, es una decisión mucho mejor pensada.

"El costo de oportunidad de contar con más bienes y servicios en el futuro es consumir menos en la actualidad", nos recuerda la obra de Parkin.

Bajo esa premisa, han surgido incluso nuevas corrientes de pensamiento como la economía sustentable, que advierte que los recursos naturales no son infinitos y por ello debemos asumir el costo de oportunidad de consumir menos, si es que no queremos comprometer las necesidades de las generaciones venideras.

Y por cierto, en estos tiempos electorales ¿cómo piensan tomar sus decisiones nuestros candidatos? En sus campañas vociferan muchas promesas pero sin revelarnos a cambio de qué. ¿Que tanto toman en cuenta nuestros gobernantes el principio básico de costo de oportunidad al aplicar alguna política económica?

Aumentar el gasto en seguridad, programas sociales o en cualquier otro rubro -así parezca lo más sensato- forzosamente disminuye el gasto para otros sectores. Bajar impuestos suena bien de inicio pero ¿cómo se compensa ese hueco? O tal vez mayor infraestructura ¿es el costo de oportunidad para un mejor comercio?

Todas esas preguntas deben resolverse de manera responsable y el razonamiento del costo de oportunidad ayuda mucho. ¿Cómo gastar el presupuesto?, ¿qué tanto producir?, ¿por quién votar?, ¿qué proponer? Ya sean políticos, empresarios o cualquiera de nosotros, viviremos tomando decisiones hasta el día de nuestra muerte.

Es pues, una buena lección de economía justo para "economizar" no necesariamente dinero, sino talento, tiempo, experiencia y demás recursos que gozamos ahora pero que no son para siempre, aun cuando parezca que la vida nos la ha ofrecido así... de a gratis.

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