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Tengo 21 años y nunca he tenido novio. En las reuniones, no importa si son con mis amigas o mis tías, siempre llega la incómoda pregunta, seguida de una reiteración:
-¿No has tenido novio?, ¿no?, ¿por qué no?
Y si la reunión es con mis tías, viene acompañado de un: ¡Pero si estás tan bonita!
En una de esas entretenidas reuniones familiares, una de mis primas de seis años que alcanzó a escuchar, se acercó para abonar a la conversación:
-¿Entonces nunca has besado a alguien?
Ya me acostumbre a que la gente me mire con sorpresa, con una expresión de rechazo y fascinación a la vez. Como si quisieran estudiarme, pero alejarse al mismo tiempo porque ‘no vaya a resultar contagioso’. Pero eso fue completamente inesperado: una menor de edad evidenciando mi falta de experiencia.
-No, le respondí mientras salía del cuarto para evitar escuchar todo lo que mi familia quisiera agregar después.
Me encerré en otra habitación de la casa de mi abuela, donde nadie pudiera verme. Saqué mi celular y abrí Twitter para distraerme y ahí estaba: #DíaInternacionalDelBeso, 13 de abril. No puedo evitar leer el hashtag con la tierna, dulce y malévola vocecita de mi prima menor.
Hago berrinche porque la ONU no lo reconoce como día oficial, pero en redes sociales a todo el mundo eso le importa un pepino mientras puedan seguir compartiendo sus imágenes de besos apasionados, de muy mal gusto, por cierto.
Si no es oficial es porque la razón para conmemorar el día es francamente una tontería: cuando una pareja consiguió besarse durante 58 horas, 35 minutos y 58 segundos. ¡Qué asco! Si con un beso cualquiera se pasan 80 millones de microbios y andas con la saliva de otro por seis meses, no me quiero imaginar qué le pasó a esa gente.
-No te avergüences, hija. Es porque no ha llegado la persona indicada.
Sin tocar la puerta entró al rescate a quien menos necesitaba para superar mi depresión: mi madre. Pues no, no es porque no haya llegado el indicado. A lo mejor es demasiada presión social. ¿Y si no puedo dar un beso increíble? La otra vez intenté con la prueba del buen besador, me puse a mascar un palito de cereza para intentar hacer un nudo con la lengua, pasaron muchas horas y nunca lo logré.
Además, eso de encontrar el momento perfecto es muy molesto. El intervalo de tiempo en que debes quedarte callado y mirar sus ojos y luego sus labios me genera demasiada ansiedad. El 90 % de las personas asegura recordar su primer beso, y yo no quiero crear un recuerdo cualquiera. Debe ser uno de esos dignos besos del levantamiento de un pie.
Querido lector, usted podrá pensar que estoy exagerando, pero según una encuesta del portal de citas Match.com, una de cada cuatro personas ha terminado una relación porque su pareja no besaba bien. Podrían terminar conmigo antes de haber empezado por meter la lengua de más o por no meterla lo suficiente.
Cuando la reunión acabó, decidí buscar en Internet más técnicas sobre cómo besar y esperar hasta el 6 de julio, el #DíaInternacionalDelBesoRobado para tomar fuerza y darle un beso a Hugo, que me gusta desde que estábamos en la prepa. Sería un momento muy romántico en el piso más alto del edificio F de la Facultad, con una gran vista. Me llevó días de planeación y meses de autoconvencimiento.
Unos días antes de que se cumpliera el plazo, fui a una fiesta con mi hermana. De repente, un fulano a quien no conocía me agarró de los hombros y me plantó tremendo beso. Metió su lengua hasta donde alcanzó, casi me ahoga. En lugar de cerrar los ojos los abrí más de lo normal por el susto. No me soltó hasta después de un minuto porque esa fue la apuesta con sus amigos.
Mis pulsaciones del corazón aumentaron de 60 a 100 latidos, 34 músculos de mi cara moviéndose, la promesa de 13 calorías por quemar y la ruina total de mi plan para julio. Fue perfecto, al menos para la próxima vez que alguien vuelva a preguntar.
Por Isis M. García Martínez
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.
@IsisConVelo
Ilustrador. Elihu Shark-o Galaviz
@elihumuro
ponteyolo@gmail.com
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