Ponte Yolo

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Veneno para perros

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Fue ahí cuando sospeché de aquella vecina, quién después de ese día no me volvió a saludar
15/12/2015
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Por Frida Sánchez

Todo empezó cuando le pedí a mi vecina que recogiera las heces que su perro había dejado en la mera entrada de mi casa. La mujer muy indignada me echó una de esas miraditas irritadas y luego recogió con una bolsa los desechos del animal. Tres días después, mi perro no paraba de vomitar…

En ese momento no se me vino a la cabeza pensar en la vecina de la casa de enfrente. Y mucho menos pensé que mi perro tuviera en el estómago algún tipo de veneno. Le hablé al veterinario, confiando en que seguramente había comido muchas hojas y se estaba purgando. Creí que sólo le mandarían algún medicamento y que a los pocos días mi mascota estaría de maravillas. Pero no fue así.

Cuando regresé a casa, por la tarde, el perrito yacía en el suelo sin siquiera moverse, y estaba temblando. De inmediato tomé el teléfono y le expliqué al doctor lo que ocurría. Él me pidió llevarlo a su clínica para valorarlo. Y como era de esperarse, resultó que estaba envenenado.

Por esas fechas estaba reciente el asunto de los dos parques de la Condesa, en el que 18 perros fueron  envenenados. No paré de pensar  lo terrible que sería la situación si mi perro pereciera en aquellos momentos de una manera similar. Afortunadamente no fue así; a diferencia de las mascotas de parque España y parque México, mi perro nunca convulsionó y aguantó cerca de veinticuatro horas sin morir. Por lo menos no había consumido el mismo tipo de veneno letal...

Lo que sí ocurrió, y que me preocupó mucho, fue que lo dejamos internado poco más de un día para que lo valoraran. Le administraron suero y líquidos para mantenerlo estable y una vez que regresó a casa, continuamos con el tratamiento que le recetó el médico veterinario.

Ya en casa me di a la tarea de revisar cada lugar por el que mi perro pudo haber caminado, pero el recorrido no llegó demasiado lejos; cerca de las plantas de la entrada a mi casa, había una especie de polvo blanco regado por el pasto. Era un polvo fino y visto de reojo, imperceptible.

Fue ahí cuando sospeché de aquella vecina, quién después de ese día no me volvió a saludar, y esquivaba mi presencia cuando me veía caminando con mi perro por la cerrada.

Aun cuando sentía furia por lo que había ocurrido, no quise hacer alarde y no me preocupé por averiguar si mi sospecha era cierta, porque en mi caso no pasó nada más grave y porque no estaba completamente segura de que la mujer fuese la culpable; a los pocos días, mi perro ya estaba como si nada y jugaba de nuevo. Pero en el caso de otras víctimas, el asunto se pone peor y los perros terminan muriendo sin poder siquiera saber qué ocurrió, o quién fue el culpable. Supongo que no sería imprudente que se hicieran normas más veraces para hacer justicia en estos casos, y averiguar con certeza quienes son los culpables.

Cuéntenme, ¿qué opinan de estos casos?

#PonteYolo:

Si necesitas un buen consejo para tu mascota, esta liga te puede ayudar:

http://bit.ly/1KONudA

Aquí los pasos a seguir si tu perro sufre envenenamiento:

http://bit.ly/1RKGz9Q


Frida Sánchez, Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM

@fridii_crazy

 

Ilustrador. Elihu Shark-o Galaviz

@elihumuro

 

[email protected]

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