Un “collage” de desafíos

“Las realidades que nos preocupan son desafíos”, orienta el Papa
OTRAS
06/05/2016
17:06
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Soy ciudadano mexicano, discípulo de Jesucristo, sacerdote católico de la Arquidiócesis de México.
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Un collage de desafíos se despliega en el segundo capítulo de la Exhortación Amoris laetitia. En él se recogen múltiples inquietudes, expresadas tanto por los padres sinodales como por las consultas previas a las asambleas y por el mismo Sumo Pontífice.

Se habla del cambio antropológico cultural de nuestro tiempo (cf. n. 32), del peligro del “individualismo exasperado” y del estrés de nuestro tiempo (n. 33), que deriva en la precariedad de los vínculos familiares (cf. n. 34), de la decadencia cultural suscitada por la “cultura de lo provisorio” (n. 39), de la dilación del matrimonio (cf. n. 40), de la “afectividad narcisista” (n. 41), de la “mentalidad antinatalista” (n. 42), de la soledad como “una de las mayores pobrezas de la cultura actual” (n. 43), de problemas de vivienda, de seguridad social y laborales (cf. n. 44). Se describen diversos problemas sobre la atención y el cuidado a los niños (cf. n 45) y el peculiar rostro contemporáneo de la migración (cf. n. 46). Se considera la situación de familias con miembros con alguna discapacidad (cf. n. 47) y de ancianos (cf. n. 48). Se describe la forma lacerante que alcanza en ocasiones la miseria en las familias (cf. n 49).

Por si fuera poco, se desglosan aún algunos desafíos peculiares, entre ellos la dependencia a las drogas (cf. n. 51), la práctica de la poligamia en algunas sociedades y la deconstrucción jurídica y práctica de las familias (cf. n. 53). Se valoran avances en el reconocimiento de los derechos de la mujer (cf. n. 54), señalando también los peligros de una familia con ausencia de padre (cf. n. 55).

Particularmente lúcida es la denuncia de la ideología de género, “que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia”. A propósito de la inadmisible separación entre sexo y género, Francisco advierte: “Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada” (n. 56).

A pesar de las dificultades, el tono no busca ser alarmista. “Las realidades que nos preocupan son desafíos”, orienta el Papa, y por ello invita a no caer “en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera” (n. 57).

El mejor servicio que puede prestar la Iglesia es anunciar y dar testimonio de la belleza de la familia. “Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar” (n. 35). Ello es congruente sobre todo si consideramos que “nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos” (n.52).

Destaca, a este propósito, la necesaria revisión de las actitudes y estrategias que se han utilizado para comunicar el evangelio de la familia, que, en ocasiones, en vez de captarse como una buena noticia, se han percibido como fardos imposibles de sostener. “Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos, por lo cual nos corresponde una saludable reacción de autocrítica” (n. 36). Presentar el matrimonio “más como un camino dinámico de desarrollo y realización”, en donde ocupa un lugar propio la formación de las conciencias (n. 37), atentos a la realidad concreta de las familias, es la propuesta para reconocer auténticamente en ellas un proyecto de alegría en el amor.

 

Foto: Lorenzo de’ Ferrari, Adán y Eva con los infantes Caín y Abel

 

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