El poder del activismo deportivo: del Black Power en México 68 a la 'era Trump'

Victoria Jackson

De un día para otro, Nike ha logrado algo que suele tomar décadas: limpiar la imagen de una figura pública – relacionada con el gran malestar que existe en EE. UU. por la marcada desigualdad racial-. Al asociarse con Colin Kaepernick y su mensaje en el marco del 30.º aniversario de su campaña “Just Do It,” el gigante deportivo está haciendo que la agenda y las campañas sociales de este atleta resulten más tolerables para el mundo corporativo estadounidense. La NFL podrá oponerse y combatir la práctica que terminó con la carrera de Kaepernick — el arrodillarse durante el himno en protesta por la brutalidad policial contra los afroamericanos— pero el influyente socio y proveedor de uniformes de la liga ha decidido honrar a Kaepernick con el más estadounidense de los homenajes: vender calzado deportivo y otros productos con su nombre.

Hasta Donald Trump, el crítico más enérgico de las protestas de los jugadores de la NFL, lucía estupefacto ante la decisión de Nike. Trump tuiteó que Nike estaba dando el mensaje equivocado, pero añadió, en un gesto inusual, que naturalmente Nike, como empresa privada, tiene todo el derecho del mundo a hacer lo que le plazca.

El momento elegido por Nike constituye otro golpe para la NFL, que esperaba dejar atrás las protestas durante el himno con el inicio de la nueva temporada. La NFL había instituido una nueva política para castigar a los equipos y multar a los jugadores, pero después decidió suspender su aplicación y pedir un tiempo para consultarlo con la asociación de Jugadores. Ahora, en el primer fin de semana de la nueva temporada, aficionados de la NFL vieron anuncios de Nike aplaudiendo el activismo social rechazado por el propio presidente Trump y la liga.

Si la historia sirve de ejemplo, en el futuro la gran mayoría de los estadounidenses recordará las protestas de Kaepernick y de otros atletas de la NFL como una valiente defensa del progreso social. Las acciones de Nike no hacen más que acelerar este revisionismo.

El mes que viene, EE. UU. conmemorará el 50.º aniversario de otra protesta y movimiento similar que perdió parte de su efecto controversial gracias al paso del tiempo y al beneficio de la retrospectiva. Se trata del momento en el que Tommie Smith y John Carlos subieron al podio olímpico — y a la cima del mundo, a 2255 m de altura— en los Juegos Olímpicos de 1968 en la Ciudad de México.  Cuando empezó a sonar el himno de EE. UU., los dos alzaron su puño con un guante negro, acción que se transformó en una encarnación simbólica del poder y el orgullo negro (sobre este acontecimiento, nuestro Global Sport Institute de Arizona State University (ASU) está colaborando en un evento en México el 24 de septiembre, oportunidad que servirá para conmemorar el legado del 68 en la actualidad, y que incluirá a Carlos y la multi-medallista olímpica Wyomia Tyus).
 
En las próximas semanas, se celebrará en medios tradicionales, medios deportivos y redes sociales esa imagen icónica de los medallistas de oro y bronce en los 200 metros planos. Tal y como se hizo cuando falleció Ali.  Tal y como se hace todos los años con Martin Luther King, Jr. en el feriado estadounidense en su honor. ¿Cómo hablarán de ese momento emblemático los especialistas de la prensa, los políticos y los comentaristas deportivos?  Seguramente se concentrarán en la imagen, señalarán a esos valientes hombres del pasado que se plantaron frente a las autoridades blancas y frente a la discriminación racial de aquel entonces, logrando, sin miedo y de manera heroica, impulsar el progreso que hemos disfrutado desde entonces. Y, mientras, nos daremos unas palmaditas en la espalda.

Pero la imagen icónica de México 68 ha quedado separada de su contexto histórico y de las realidades del trabajo de activismo de los atletas negros del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos (OPHR), el grupo al que pertenecían Smith y Carlos.  Este movimiento por la justicia social obtuvo logros concretos hoy olvidados.  Este grupo canceló un juego de fútbol americano universitario para luchar por la igualdad de condiciones de vivienda en San José.  También empleó una red de contactos de gran alcance para boicotear una importante competición de atletismo, en los preparativos para los Juegos Olímpicos. El objetivo era obligar al anfitrión del evento, el New York Athletic Club (NYAC) —una poderosa organización dentro de la familia olímpica—, a terminar con su política discriminatoria, que prohibía la incorporación de miembros judíos y afroamericanos, pero dependía de su rendimiento como atletas para ganar dinero en competiciones de atletismo.  
 
El OPHR conocía bien las políticas de la Guerra Fría y se negó a que lo siguieran usando como símbolo de la democracia y la meritocracia de EE. UU. Entonces, pasó a realizar sus críticas de forma interna, dirigidas a las propias organizaciones olímpicas.  Gracias a sus esfuerzos, el Comité Olímpico Estadounidense logró sumar a un entrenador negro a su plantel.  Y si bien no lograron obligar a renunciar al presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage —un estadounidense notablemente racista y antisemita – unieron fuerzas con otros y lograron impedir el intento de Brundage de reincorporar a Sudáfrica a la familia olímpica para participar en los Juegos Olímpicos de México 68. 
 
Con el paso del tiempo es fácil olvidar que la enorme mayoría de los estadounidenses blancos despreciaban a Smith y a Carlos.  El Comité Olímpico Estadounidense los expulsó de la Villa Olímpica y los envió de regreso a casa.  Recibieron por correo expresiones de odio y amenazas de muerte, y el principal organizador del OPHR, Harry Edwards, ni siquiera viajó a la Ciudad de México por temor a que lo asesinaran.  El medallista de plata Peter Norman, un australiano blanco que apoyó a Smith y a Carlos, regresó a su país y fue puesto en una lista negra por el Comité Olímpico Australiano; nunca volvió a competir por su país.   Brent Musburger, el famoso analista de fútbol americano, describió a Smith y a Carlos como “stormtroopers de piel negra.”
 
¿Suena familiar todo esto?  ¿Alguien recordará a Colin Kaepernick de rodillas cuando vea los festejos por el aniversario de Smith y Carlos en el podio?  ¿¿Cómo recordaremos las protestas actuales dentro de medio siglo?   No podemos saber a ciencia cierta, pero sin duda nuestras opiniones serán influenciadas por el hecho de que podremos formularlas usando ropa y zapatos de la línea Kaepernick de Nike.
 

Victoria Jackson es historiadora del deporte en Arizona State University.
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