Los niños de ISIS, víctimas de la guerra

Solange Márquez

En un artículo publicado el día de ayer en el diario estadounidense The New York Times (https://www.nytimes.com/2019/05/08/world/middleeast/isis-prisoners-children-women.html), se daba cuenta de los miles de pequeños que permanecen detenidos ¿su delito? Sus padres los llevaron a vivir bajo el autonombrado califato de ISIS.

Luego del desmembramiento del califato y la práctica destrucción del país, miles de niños continúan detenidos en campos o en prisiones en Siria, Libia e Irak, sin ninguna acusación, ni juicio de por medio. El miedo que los distintos gobiernos tienen de estos niños es que puedan convertirse en mártires de la causa fundamentalista. El título del texto es revelador: ¿Es un niño de ISIS sólo un niño? ¿o es una bomba de tiempo? En clara alusión al adoctrinamiento que han sufrido y que, en sí mismo, representa un riesgo para otros. 

Los niños de ISIS no son todos sirios o iraquíes o libios, son niños rusos, franceses, alemanes y de más de 80 países distintos, pues sus padres se convirtieron al islam y se hicieron devotos seguidores de ISIS llevando consigo, en muchos casos a sus hijos a poblar el “califato”. 

Hace un par de años escribía en este mismo espacio una columna que titulé “Quiero poder dormir sin soñar con los muertos” (https://www.eluniversal.com.mx/blogs/solange-marquez-espinoza/2016/06/16...), una entrevista que hice a Tahir un joven ex combatiente del Ejército de Resistencia del Señor (LRA por sus siglas en inglés) en Uganda. Tahir, como miles de niños en Uganda, Sudán, Libia o Siria fue secuestrado, obligado o adoctrinado para integrarse a las filas del grupo armado.

Como muchos otros, cometió crímenes atroces de los que luego se arrepintió al entender su gravedad. Tahir, como muchos de los niños en el campo Al Hol en Siria, no han conocido otra realidad más que la violencia, la fuerza de las armas de fuego, la sangre.

“[Tahir] Fue secuestrado cuando tenía doce años, un día los soldados llegaron a su aldea y se llevaron a todos aquellos que se veían suficientemente fuertes. Tahir tenía tres hermanos más pequeños que él pero no se los llevaron a todos ‘nos dijeron que no podíamos ir juntos; a los más pequeños de ocho y nueve años los ataron y los golpearon hasta morir, a mi y a mi otro hermano de once nos obligaron a estar ahí y verlo todo, los dos murieron’.

“Tahir, como miles de niños no sólo en Uganda sino en muchas otras partes del mundo, fue entrenado como soldado y obligado a matar a sus enemigos. ‘Me entrenaron para matar a cualquiera que se pusiera en nuestro camino; para evitar que el miedo nos invadiera nos daban cocaína y otras drogas que mezclábamos para no sentir y no estar asustados, nos daba fuerza para olvidarlo todo’. 

Hoy en los campos de detención, los niños de ISIS mueren de hambre, de frío y del contagio de enfermedades debido a la sobresaturación. Los países de origen de esos pequeños hacen oídos sordos ante ellos, la repatriación parece no ser una salida viable para quienes son capaces de atentar aún contra su país de origen. Sin embargo, abandonados a su suerte, los riesgos de radicalización son también muy grandes, sumando la posibilidad de unificación y el propio sentimiento de abandono en una de las peores situaciones que un niño puede llegar a vivir.

Los severos traumas a los que están expuestos los hace aún más vulnerables a los movimientos radicales; los graves trastornos físicos y psicológicos dejan secuelas que pueden durar toda la vida, sin embargo, no deberíamos olvidar que ante todo han sido y siguen siendo, víctimas de una guerra y como tales es que la comunidad internacional debería tratarles.


Twitter: @solange_
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