Celebra Quirarte ingreso a El Colegio Nacional

El escritor Vicente Quirarte (centro) estuvo acompañado del astrónomo Manuel Peimbert (der.) y el arqueólogo Eduardo Matos (izq.), quien respondió a su discurso de ingreso (LUCÍA GODÍNEZ. EL UNIVERSAL)
Nación 04/03/2016 02:01 Yanet Aguilar Sosa Actualizada 02:01
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Cargado de emoción, de vida y de poesía, el escritor Vicente Quirarte ingresó a El Colegio Nacional con un espíritu aún joven y con muchos sueños: “El muchacho que traspasaba el umbral de este Colegio Nacional nunca pensó en estar ante ustedes, muchos años después, en este mismo espacio y en esta circunstancia. Pero siempre ha querido mantenerse fiel a los apetitos e ideales de entonces”, dijo anoche.

Ante más de 200 invitados, varios de ellos familiares, amigos y colegas como Juan Villoro, Silvia Lemus, viuda de Carlos Fuentes; Cristina Pacheco y Laura Emilia Pacheco, viuda e hija de José Emilio Pacheco; de Jorge Esquinca, Hernán Bravo, Antonio Lazcano, Felipe de Jesús Hernández y Luis Fernando Lara, el escritor, poeta e investigador, nacido en la Ciudad de México en 1954, se refirió al joven que fue:

“Lealtad y gratitud particulares a ese joven talabartero que trabajaba hasta las altas horas, malnutrido, pero alimentado por una luz más invencible que su hambre. Obligación de quienes a la palabra nos debemos es ofrecer visiones panorámicas, desbrozar el camino y hacer más vasto el horizonte”, señaló casi al final de su discurso dedicado a la juventud.

Quirarte evocó a la Ciudad de México, su musa, y a sus maestros José Emilio Pacheco y Rubén Bonifaz Nuño; los invocó para decir que hay que “escribir los días por delante. Si logramos hacerlo, se habrá cubierto la mitad del camino”. Celebró a seres con gran energía como Miguel León-Portilla, Fernando del Paso, Juan Gelman, Marco Antonio Campos y Cristina Pacheco; a poetas más jóvenes, pero también a canónicos como Octavio Paz.

Evocó qué es ser joven. Dijo que los jóvenes que fueron algún día lo son toda la vida: “El hombre de hoy tiene más horas de vuelo que el muchacho de ayer: no por eso sabe más; pero sin la suprema lección del tiempo no podría pararse a contemplar su estado y dar cuenta, a través de su propia experiencia, de cumbres y abismos de este mundo”.

Se mostró feliz de ingresar a El Colegio Nacional, institución que, dijo, tiene como una de sus vocaciones “fortalecer la conciencia de la nación”.

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