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Tenaz, hombre de negocios, constructor de un conglomerado empresarial que lo ha colocado entre los más ricos de México, Alberto Baillères es uno de los mexicanos con perfil diverso, en el que al trabajo agrega su aportación a la filantropía, la cultura y, sin duda, al emblema mayor de su imperio: el ITAM, alma mater de políticos, servidores públicos y profesionistas.

En 2013, Baillères, de 80 años de edad, fue considerado el segundo hombre más rico de México por una revista especializada, y en el momento actual prepara su participación en el sector energético, por las puertas que abre la reforma insignia del sexenio.

Heredero de empresas de los campos de minería, comercio, refresquera, cervecera, inmobiliario, bancario, de seguros de vida, Baillères creció el imperio de la familia.

Llega a las ocho décadas con la postulación a la Medalla Belisario Domínguez. Este logro lo convierte en el segundo empresario, después de Gilberto Borja, en ser electo por el pleno del Senado para recibir el galardón.

La trayectoria de Alberto Baillères inicia tras su graduación con mención honorífica como economista del ITAM, en 1957; en el Banco de Comercio de Manuel Espinosa Yglesias; en la cervecería Moctezuma, donde fue vendedor, y en el Palacio de Hierro, con el cargo de director. A los 27 años, cuando fallece su hermano Raúl, entra de lleno a la conducción de las empresas y tres años después, al fallecer su padre, se hizo cargo de la presidencia del grupo de empresas.

Convirtió Industrias Peñoles en una de las principales productoras de oro, plata y plomo en México y de América Latina. Pero no es un rey Midas, sino un hombre de trabajo que en su afán se volvió invisible.

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