Del Zócalo a Chapultepec, el dolor continúa

Crónica. Tras el encuentro, salen con más ganas a buscar a sus hijos desaparecidos

Ayer los gritos se hicieron sentir con mayor intensidad, pues quienes exigen justicia reclaman que no hubo respuesta positiva del gobierno y eso los llena de coraje y ganas para continuar (JUAN CARLOS REYES. EL UNIVERSAL)
Nación 25/09/2015 01:21 MISAEL ZAVALA Actualizada 02:26

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Apenas agua con miel bastó para recuperar fuerza y enfrentar al gobierno, a casi un año de la pena que los embarga.

En medio de un ayuno, los padres de los 43 normalistas desaparecidos acudieron a una reunión con el presidente Enrique Peña Nieto, la segunda desde que sus hijos desaparecieron en las penumbras de Iguala, Guerrero, en la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014.

Desde hace 364 días sus voces gritan: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”; esos mismos gritos se han convertido en casi un himno a la desesperación y esperanza por encontrar a sus futuros maestros normalistas. Ayer, los gritos se hicieron sentir con mayor intensidad, pues luego de la reunión de alto nivel, para ellos no hubo respuesta positiva, y eso los llena de coraje y más ganas de continuar con la búsqueda.

No había miradas de alegría previo a la reunión; las mandíbulas tensas y las miradas serias ya advertían un encuentro poco afable.

Los familiares de los 43 interrumpieron un ayuno que comenzaron el miércoles en el Zócalo y cerca del mediodía abordaron tres autobuses; junto a sus abogados y acompañantes sumaron al menos 120 personas.

Arribaron a la cita en los camiones —escoltados por patrullas— al Museo Tecnológico de la CFE en Chapultepec, lugar elegido por el gobierno para la reunión. El primer encuentro, el 29 de octubre de 2014, fue en la Residencia Oficial de Los Pinos.

Ya los esperaba un fuerte dispositivo de seguridad. El lugar lució amurallado con rejas verdes donde el cuerpo de guardias presidenciales se mantenía a la espera de los tres autobuses. Ningún miembro de la prensa pudo pasar, tampoco dejaron cruzar a peatones, todo fue hermético.

El único funcionario que viajó en el convoy fue el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, quien se encargó de preparar el encuentro.

Tuvieron que dejar teléfonos celulares, cámaras y cualquier otro tipo de dispositivo que atestiguara el desarrollo de la reunión.

Alrededor de las 13:30 horas inició la encerrona. Para algunos estudiantes normalistas que apoyaron y que se quedaron afuera, la espera para que concluyera la reunión no fue nada comparada con todos los días que han marchado, gritado y exigido —incluso en algunos países del sur de América— la aparición de sus compañeros de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, ubicada en la zona montañosa de Guerrero.

Tres horas más tarde (en punto de de las 16:20 horas) los camiones cruzaron la salida. Había llegado el momento de conocer las conclusiones del encuentro con el Presidente.

Los camiones fueron escoltados de vuelta al Zócalo capitalino donde las carpas de los familiares esperaban al pie de la Catedral Metropolitana. Justo a las 18:00 horas, los padres tomaron los micrófonos.

Para los padres y madres de los 43, la reunión fue un fracaso, al igual que la primera llevada a cabo el 29 de octubre del año pasado. Las miradas en vez de lucir tristes eran de coraje porque, según ellos, no tuvieron una respuesta favorable del gobierno.

Entre los padres ya no hay lágrimas, se han secado después de un año. Carmen Mendoza, madre de Jorge Aníbal, uno de los 43 desaparecidos, habló y tal vez colocó las palabras precisas para describir el encuentro: “esa gente tiene la sangre fría, su mirada lo dice todo”.

La madre del normalista fue una de las que encaró directamente al Presidente en la reunión de ayer. Lo cuestionó sobre quién era el encargado de las fuerzas militares y las policías en el país. Un largo silencio cruzó el gran salón, según relata.

Para los normalistas, la lucha no queda en una simple reunión. Se alista una megamarcha mañana en la ciudad de México, a un año de la desaparición. Mientras, los padres seguirán su ayuno y seguirán así... hasta encontrar a sus estudiantes.

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