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Cuando Ariana salió del penal de Santa Martha Acatitla, después de purgar siete años de sentencia, consideró que la justicia mexicana le había dado una nueva oportunidad para tener una mejor vida; sin embargo, la joven de 28 años aseguró que la sociedad mexicana le ha puesto muchas trabas, que le han impedido que pueda acceder a mejores condiciones de vida.
“Originalmente me habían dado 29 años de sentencia, después fueron 18, pero en apelaciones y por buena conducta sólo estuve siete. Pero cuando salí de Santa Martha entré a una nueva cárcel, una más grande, peligrosa y discriminadora, en la que toda actividad que hago se me estigmatiza por haber estado en un penal femenil, a pesar de que cumplí con mi castigo”, dijo.
La joven, quien al pisar la cárcel dejó truncos sus estudios de preparatoria, aseguró que a cualquier trabajo que se acerca le piden carta de antecedentes no penales, lo que inmediatamente la elimina de acceder a una plaza, lo que la ha orillado a emplearse en pequeños comercios o en prestación de servicios.
“He ido a solicitar trabajo a pizzerías, tiendas de ropa y siempre me piden esa carta, lo que ha impedido que pueda laborar ahí.
“Debido a mi paso en la prisión, sólo he logrado entrar a trabajos donde no pidan documentación, como atender alguna tienda o trabajo en pequeños locales”, narró.
La joven, quien actualmente se desempeña como manicurista, oficio que aprendió en el penal capitalino, afirmó que uno de sus sueños era trabajar en comercio exterior; sin embargo, cuando pidió informes de la carrera, le advirtieron que por los antecedentes penales sería imposible que la contrataran.
Ariana, quien hoy vive en Ecatepec, Estado de México, uno de los municipios más violentos del país, pide que la sociedad deje de estigmatizar a las personas por sus antecedentes penales, puesto que ellos también tienen derecho a continuar con una vida con todas las garantías, como cualquier ciudadano.
“La sociedad debe dejar de estigmatizarnos, puesto que cumplimos una pena, un castigo y no es justo que tengamos que vivir el resto de nuestra vida cargando con el título de presa.
“La sociedad debe abrir las puertas porque también somos humanos, como cualquier otra persona, no es justo que nos cierren las oportunidades para todo lo que tenemos que hacer. Yo tengo casi 30 años y no es justo que deba cargar con el señalamiento de haber estado en la cárcel por el resto de mi vida”, dijo.
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