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En momentos de incertidumbre y miedo ante el futuro, en Estados Unidos existen comunidades que reconocen las aportaciones de la comunidad inmigrante, por ello “vamos a crear una autoridad que vigile situaciones de racismo institucional”, señaló el alcalde de Austin, Texas, Steve Adler.

En entrevista con EL UNIVERSAL dijo que aunque no se asume como “ciudad santuario”, Austin recibe a la diversidad. Aseguró que aun sin saber qué es lo que va a ocurrir cuando Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, el próximo 20 de enero, la suya es una comunidad unida que protege y atesora a sus residentes, tengan o no documentos.

Con 34% de su comunidad de ascendencia hispana y tres de 10 concejales del ayuntamiento hijos de padres mexicanos, la comunidad está preparada para arrancar desde la raíz el racismo, para evitar que se infiltre e infecte el núcleo de seguridad que representa para sus habitantes.

El racismo, dijo, se está atacando con acciones e inversión de corte social para garantizar equidad en el acceso a oportunidades, desarrollo, salud y educación. El punto focal serán las zonas desatendidas y subdesarrolladas. Los inmigrantes mexicanos pueden sentirse seguros.

¿Qué políticas migratorias hay en Austin?

—Hay mucha incertidumbre sobre lo que vaya a ocurrir con los inmigrantes. La gente está preocupada sobre algunas cosas que se dijeron en las campañas, aunque han cambiado tras las elecciones. Austin es una comunidad amistosa, estamos convencidos del acceso a la justicia y la equidad. No hay razón para cambiar.

¿Los inmigrantes mexicanos tienen miedo de lo que ocurra?

—Hay mucho temor, he visto a niños que se van llorando a la escuela porque temen que al regresar no encuentren a sus padres. Hemos intentado asegurarles a nuestros vecinos que somos una comunidad cuyos miembros se cuidan unos a otros. Austin es una comunidad donde la gente puede sentirse a salvo.

¿Austin es una “ciudad santuario”?

—He escuchado tantas definiciones de ese término que no estoy seguro de lo que quiere decir. Sí sé lo que es Austin y la clase de comunidad que somos, nuestros valores. Somos una economía fuerte gracias a nuestros valores.

¿Cuál es la aportación que ha hecho la comunidad inmigrante mexicana a Austin?

—Nos han aportado cosas maravillosas: su diversidad, cultura, fuerza de trabajo. Nos han hecho más fuertes. Vivimos en un país construido por inmigrantes. Mi propia familia proviene de inmigrantes. Nuestro país es más fuerte gracias a ellos y eso es algo que valoramos en Austin.

¿Ve venir una relación complicada entre el gobierno federal y las ciudades amigables con los migrantes?

—Me parece que si el gobierno federal va a cambiar sus políticas, va a tener que decidir cuáles cambia y cómo le va a hacer. Espero que esas decisiones formen parte de un debate nacional que considere y respete las propuestas que se presenten; que mi comunidad tome parte en esa conversación y que muchas más participen.

¿Cómo es la relación entre texanos y mexicano-americanos? ¿Es una comunidad integrada o es vista como diferente?

—Los mexicano-americanos son vistos como otro componente de nuestra comunidad y uno muy grande. Además, 34% de la población texana es de ascendencia hispana. Hay gente en todas las comunidades que no está de acuerdo con esta forma de ver las cosas y Austin no es la excepción, pero somos muy unidos.

¿Sabe cuántas personas indocumentadas viven en Austin? ¿Cuál es la política de su gobierno?

—No sé cuántos viven en Austin. Los amigos indocumentados en nuestra comunidad tienen derechos que están garantizados en la Constitución, como el resto de la gente. En Texas intentamos dar el mismo trato justo a todas las personas, tratamos de que todos se sientan seguros. Los residentes indocumentados de nuestra comunidad tienen derechos.

¿Después del 20 de enero su gobierno trabajará más de cerca con México?

—El ayuntamiento de Austin siempre ha trabajado con el consulado general de México, esperamos continuar así. Obviamente la incertidumbre derivada de las elecciones está generando que toda la atención se enfoque en la percepción de urgencia e incremento del riesgo que tiene la gente en este momento. Estamos intentando asegurar que la gente puede encontrar apoyo en nuestra comunidad.

¿El ambiente antiinmigrante que se vive en otras ciudades puede penetrar en comunidades amistosas y respetuosas?

—Me preocupa que los reportes de crímenes de odio estén incrementando, pero nos corresponde a todos estar alerta y vigilantes, y denunciar este tipo de comportamientos. Dejar claro que nuestra comunidad no se va a callar ante este tipo de crímenes, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Es importante que las cosas que ocurren en una parte marginal de nuestra sociedad no avancen y se coloquen al centro de ella. Una de las formas de evitar esto es que las comunidades pongan sus reflectores sobre estos eventos y los denuncien.

¿Su administración implementará alguna estrategia para reforzar la comunidad?

—Estamos intentando muchas cosas: fomentar el desarrollo económico de las zonas más rezagadas y subdesarrolladas. Vamos a desarrollar al máximo el potencial de la ciudad, vamos a crear una autoridad que vigile de cerca en caso de que existan situaciones de racismo institucional. Además, reforzaremos el acceso a cuestiones fundamentales como la educación y la salud.

Para que la inequidad no se convierta en una justificación del racismo…

—No queremos que nada se convierta en una justificación para el racismo. Es parte de un esfuerzo consciente que vamos a hacer en nuestra ciudad, para asegurarnos de que estamos confrontando directamente a la discriminación.

¿Cuál es el mensaje para los mexicanos?

—Es importante que sepan que en nuestra comunidad hay muchas personas que quieren asegurarse de que van a estar a salvo, que las oportunidades son para todas las personas.

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