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Legalmente no hay ninguna posibilidad de que el Partido del Trabajo pueda conformar un grupo parlamentario en San Lázaro, incluso con la “incorporación” de diputados de otros partidos, quienes tendrían que renunciar a sus actuales bancadas. No hay manera, nos dicen.
La versión de que Alberto Anaya, líder del PT, negociaba con las autoridades de la Cámara de Diputados –por aquello de los recursos millonarios que representan las subvenciones a las fracciones parlamentarias-, surgió de una reunión el 3 de septiembre en la zona conocida como “tras banderas”, ubicada justo detrás de la mesa directiva.
Nos cuentan que el secretario general de San Lázaro, Mauricio Farah, y el equipo de servicios parlamentarios argumentaron que la conformación del grupo del PT “es jurídicamente imposible, aún y cuando diversos diputados renunciaran a su grupo parlamentario y manifestaran su interés en crearlo”.
Don Alberto, nos comentan, aceptó sin mucha discusión la explicación legal, basada en Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos, pues el 28 de agosto fue el último día para que los partidos políticos comunicaran la integración formal de sus grupos parlamentarios. Y los petistas no lo hicieron.
De esa manera, los dos diputados del PT se quedarán en la actual situación. El portazo está dado, nos hacen notar, y ya no hay manera de mayor discusión sobre el asunto.
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