Entre represión y tolerancia

Integrantes de la comunidad gay en el mundo aún luchan contra la discriminación y por el reconocimiento legal de sus uniones

La marcha del Orgullo Gay en la ciudad estadounidense de Filadelfia, en 2014, en la que los participantes ondeaban banderas de países considerados como gay- friendly (ARCHIVO. AP)
Mundo 03/07/2016 03:50 Javier Sinay /Corresponsal Actualizada 06:04

El movimiento lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual (LGBTTTI) tiene distintas reivindicaciones a lo largo de Latinoamérica, pero hay una que parece ser la más grande: el matrimonio igualitario. Según una encuesta de BBI Consulting, Argentina, Chile y México (en ese orden) son los países más “tolerantes” en América Latina.

Sin embargo, en esas naciones la situación del matrimonio igualitario varía. En Argentina existe y es completo y libre. En México, el presidente Enrique Peña Nieto propone legalizar los enlaces homosexuales en todo el país; por ahora, sólo la capital y algunos estados lo tienen reglamentado. En Chile, tras 10 años de debate, se aprobó la unión civil entre personas del mismo sexo, en octubre de 2015.

Argentina vive una paradoja. “Generalmente, en los países se aprueba primero la ley antidiscriminatoria, después la unión civil, el matrimonio igualitario y finalmente la ley de identidad de género, pero en Argentina se han saltado la ley antidiscriminatoria”, dijo a EL UNIVERSAL César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). “Para nosotros hay una sola gran reivindicación: queremos la ley antidiscriminatoria”, señaló.

Argentina fue el primer Estado de Latinoamérica que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2010, y el primero que promulgó, en 2012, una ley de identidad de género que permitía a travestis, transexuales y transgéneros inscribir en sus documentos de identidad el nombre y el sexo que eligen. La filial argentina de Facebook se sumó al debate sobre el género cuando se convirtió en la primera de Latinoamérica en ofrecer el “género personalizado” con 54 opciones en la opción “sexo”, incluyendo “puto”, “torta” y “trava”, tres términos vulgares para homosexual, lesbiana y travesti.

A nivel global, antes que Argentina, ofrecieron esa alternativa de personalizar el género Estados Unidos, Reino Unido y España. Según una reciente encuesta global del Pew Research Center, Argentina es el segundo país más gay-friendly (en cuanto a leyes) de la región, sólo superado por Uruguay, y seguido por Brasil y México. Sin embargo, la ley antidiscriminatoria argentina no prevé orientación sexual, identidad y expresión de género. “Hace más de 20 años estamos peleando para que incluya estos asuntos (...) Hemos presentado más de una docena de proyectos, pero ninguno se promulgó”, dijo Cigliutti.

En Brasil ocurre algo parecido. En la marcha del Orgullo Gay realizada en mayo de este año, en Sao Paulo, el reclamo fue por leyes de identidad de género y contra la transfobia. El acto estuvo dedicado especialmente a los derechos de la comunidad transexual y a protestar contra el presidente interino Michel Temer, apoyado por apenas 7% de la población homosexual, según una encuesta del colectivo Vote LGBT. “Esta siempre fue una manifestación política, y ahora que algunos ministerios que actuaban a favor de las minorías perdieron estatus como tales, salimos a criticar al gobierno”, dijo a la prensa local Fernando Quaresma, presidente de la Asociación de la Parada do Orgulho LGBT.

En los últimos años, Buenos Aires, que tiene alrededor de 25 bares y clubes gay, parece haberle quitado el trono de primer sitio gay-friendly de Latinoamérica a Río de Janeiro.

En 2007 y 2008, una encuesta de la revista Out Traveler, especializada en turismo gay, eligió a Buenos Aires como el mejor destino mundial para este segmento, sobre Barcelona y Ámsterdam. “La ciudad se ha convertido en el nuevo destino turístico preferido debido a su carácter abierto y tolerante, lo que refuerza la identidad de Buenos Aires como ciudad gay-friendly”, indica la Secretaría de Turismo local.

Ventajas económicas

“Ocupar el primer lugar no es sólo anecdótico, sino que tiene que ver con las ventajas económicas de recibir a una comunidad dispuesta a gastar dinero, compuesta por personas que muchas veces se encuadran en el modelo dink: double-income, no kids, es decir, ingreso doble, sin hijos”, dijo a este diario Max Gutiérrez, analista económico especializado en turismo.

Un informe de 2016 de la ONG internacional LGBT en Mercados Capitales (LGBTCM) señaló que las personas homosexuales gastan 120 mil millones de dólares por año en Brasil; 65 mil millones en México; 28 mil millones en Argentina y 20 mil millones en Colombia. Si se suma lo que representa la comunidad LGBTTTI en el PIB de cada uno de estos países, el resultado es de alrededor de 267 mil millones de dólares, lo que equivale al total del PIB de Chile.

Pero tener leyes amigables con la comunidad homosexual no significa que ésta no sufra ataques. De acuerdo con un informe que publicó en mayo pasado Letra S, una organización sin fines de lucro, México es el segundo país en donde se registran más asesinatos relacionados con el tema de la orientación sexual. Sólo lo supera Brasil, en donde en 2012 se registraron 44% del total de casos de homicidios homofóbicos en el mundo. En 2014 hubo en ese país sudamericano 326 muertes de personas de la comunidad LGBTTTI, incluyendo nueve suicidios, de acuerdo con el Grupo Gay da Bahia (GGB).

Otro reporte, el del Travel Index de turismo de la guía internacional Spartacus, edición 2016, coloca a Perú como el país más homofóbico de la región. Apenas el pasado 30 de mayo fue asesinado en Trujillo un adolescente, en un aparente crimen de odio por ser gay; recibió dos disparos en la parte superior derecha del tórax y otro en la cabeza. Todavía no hay sospechosos.

La misma guía coloca a Paraguay como otro de los países menos gay-friendly de América Latina. Aireana, una organización paraguaya de mujeres que trabaja por los derechos de las lesbianas, busca “una ley contra toda forma de discriminación, que sea amplia, que abarque todas las discriminaciones incluyendo a LGTBI”, según dijo su fundadora, Rosa Posa Guinea. También lucha “para que las lesbianas presas tengan acceso a visitas íntimas”; sin embargo, según Posa, la actitud del gobierno “es cerrada respecto a estos derechos”.

El papel de la Iglesia

Otro factor a considerar en el caso de Latinoamérica es el papel de la Iglesia en el tema de la comunidad LGBTTTI. Justo en Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima, se reunió con Pedro Pablo Kuczynski, ganador de las presidenciales de junio, y al salir del encuentro expresó su alivio al confirmar que un proyecto de ley a favor de la comunidad gay no está dentro de la agenda del mandatario electo.

“En Latinoamérica hay un tema identitario fuerte con la presencia de la Iglesia”, dijo César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina. Y señaló: “La Iglesia tiene influencia y es la causa de las campañas más fuertes de homofobia. Hasta el día de hoy, por más que el Papa sea argentino y diga que nos debe una disculpa a los homosexuales, el catecismo sigue diciendo que somos una desviación de la naturaleza. Más que disculpas, le pedimos que cambie la doctrina”.

 

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