J. Jaime Hernández. Agenda Washington

Durante varios años, no pocos expertos e historiadores habían coincidido en que, el histórico proceso de reconciliación con Cuba, sólo sería posible bajo un presidente demócrata

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Mundo 21/03/2016 08:49 J. Jaime Hernández / Corresponsal Washington Actualizada 08:49

Durante varios años, no pocos expertos e historiadores habían coincidido en que, el histórico proceso de reconciliación con Cuba, sólo sería posible bajo un presidente demócrata. El tiempo les ha dado la razón.

Los escarceos que inició el presidente James Carter en la década de los 70 finalmente llegaron buen puerto bajo la presidencia de Barack Obama. De hecho, gracias a los contactos secretos entre Carter y Castro fue posible la reapertura de la oficina de intereses de Estados Unidos en La Habana hace 36 años.

Hoy, con una bandera de EU ondeando sobre la embajada de EU en Cuba, Barack Obama ha llegado a La Habana para empujar un proceso de reconciliación que apoyan la mayoría de los estadounidenses, 62% según la última encuesta realizada por The New York Times y la cadena CBS.

Este apoyo mayoritario de los ciudadanos en EU sólo ha confirmado que Obama tenía razón y que la oportunidad que le deslizó el Papa Francisco, a través de una sigilosa mediación con Raúl Castro, no podía ser desaprovechada.

Barack Obama pasará así a los libros de historia como el primer presidente que fue capaz de dejar atrás el último resabio de la guerra fría en el hemisferio occidental.

Lo que llama poderosamente la atención, en medio de este proceso gradual de deshielo, es la miopía y tozudez de algunos líderes del partido republicano. Como por ejemplo, el fallido aspirante a la nominación presidencial, Marco Rubio. Pero también, algunos demócratas vinculados al viejo enclave de Miami como Bob Menéndez, senador por Nueva Jersey.

Entre ambos han encabezado una oposición feroz que lo único que ha dejado en evidencia es su falta de contacto con la realidad y con el estado de ánimo de unos ciudadanos que han decidido que ha llegado el tiempo para apostar por el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El rechazo de Rubio y Menéndez sólo ha dejado en evidencia su pésimo cálculo electoral y su miedo a perder su privilegiada zona de confort como miembros de una comunidad que ha gozado de excepcionales beneficios como refugiados en Estados Unidos.

Una condición que los ha salvado de esa zona de peligro, explotación y persecución en la que han vivido durante décadas millones de inmigrantes indocumentados de todo el hemisferio.

En el caso de Rubio, el agravante es aún mayor. A pesar de se hijo de inmigrantes de Cuba y de haber apoyado un proyecto bipartidista a favor de reforma migratoria en junio de 2013, al final decidió darle la espalda para no perder el apoyo de su base en Miami.

Irónicamente, ni el apoyo de esa base vinculada al exilio cubano en Florida, fue capaz de salvarlo del naufragio tras las elecciones primarias del pasado 15 de marzo, cuando fue derrotado por el magnate, Donald Trump.

Un segundo elemento que habla de la ceguera de Marco Rubio ha sido su decisión de obstaculizar la confirmación de Roberta Jacobson como embajadora de EU en México.

Al igual que el demócrata Bob Menéndez, Rubio ha justificado su oposición a Jacobson bajo el argumento de que la funcionaria del Departamento de Estado “manipuló” el informe que permitió sacar a Cuba de la lista de países que no cumplen en la lucha contra el tráfico de personas.

Además, la recrimina por la “lentitud” de Jacobson a la hora de responder a los abusos cometidos por el gobierno venezolano de Nicolás Maduro, como las principales razones de sus reservas.

Rubio también mencionó la falta de transparencia de Jacobson para informar sobre las negociaciones y las peticiones presentadas a México para obtener la extradición de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

 

Con estos argumentos marcados por el oportunismo y la inconsistencia, Rubio le ha hecho un daño innecesario a la relación entre México y EU.

Hoy, mientras Rubio se relame las heridas, tras una humillante derrota en su propio Estado, el proceso de reconciliación con Cuba avanza en cámara lenta y en medio de prometedoras expectativas. Aunque aún son muchos los obstáculos por superar, el proceso ha adquirido un carácter irreversible reduciendo a una insufrible condición de mezquindad los esfuerzos de aquellos que aún se empeñan en sabotear los intentos por levantar un embargo comercial que ha dejado de tener sentido.

Aunque todo parece indicar que Barack Obama dejará la presidencia sin haber logrado el fin del embargo, nadie le podrá quitar el privilegio de haber inaugurado el año cero en el proceso de reconciliación con Cuba.

 

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