J. Jaime Hernández. Agenda Washington

La historia demuestra que, aunque importante, New Hampshire no es garantía de nada

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Mundo 08/02/2016 08:34 J. Jaime Hernández / Corresponsal Washington Actualizada 10:53
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Que unas elecciones se pongan rudas y que los adversarios en contienda se lancen los trastos a la cabeza, es algo que siempre ha formado parte del paisaje electoral en Estados Unidos.

Menos frecuente es, sin embargo, el que el esposo de una de las candidatas, que goza del poder y los privilegios de quien ha sido presidente en Estados Unidos, se lance contra la yugular de un candidato de 74 años, de aspecto frágil y que además es tratado como un anciano venerable por la base más joven y progresista del partido demócrata.

Aunque parezca la trama de una tragicomedia eso es lo que está ocurriendo en las primarias del partido demócrata que vivirán una batalla crucial este martes en el estado de New Hampshire. Un estado de poco más de un millón de habitantes que, a lo largo de la historia, se ha convertido en una de las más importantes escalas en la lucha por la nominación presidencial y la conquista de la Casa Blanca.

Ahí están los casos de John F. Kennedy, o de Bill Clinton y Barack Obama. Pero también de Richard Nixon, Ronald Reagan y George W. Bush que hicieron de New Hampshire su plataforma de despegue para alcanzar la presidencia.

Pero, la historia demuestra también que, aunque importante, New Hampshire no es garantía de nada. Pero sí de las dinámicas que marcan expectativas de victoria. Por esta razón, el matrimonio de Bill Clinton y Hillary Clinton han decidido atacar con todo a Bernie Sanders, el senador por Vermont que se ha convertido en el favorito en New Hampshire por una ventaja considerable.

En el curso de las últimas horas, Bill Clinton decidió que no podía dejar crecer más a Sanders en New Hampshire. Una derrota aplastante sobre su esposa, pondría en serios aprietos a na campaña que ha tenido serios problemas para recuperar el apoyo del sector más liberal y el electorado más joven.

Los jóvenes, que se han reagrupado en todo a la figura de un anciano de 74 años, que ha llegado para proponerles una “revolución política” y para desenmascarar los intereses creados que acunan la campaña de Hillary Clinton, se resisten a respaldar a Clinton.

El problema de Hillary Clinton, según se lo han dicho los jóvenes en su propia cara, es que tiene un déficit de credibilidad. Su incapacidad para explicar las cantidades obscenas que ha recibido de firmas como Goldman Sachs por conferencias complacientes con Wall Street y la actual investigación del FBI por el manejo de correos con información confidencial, a través de su servidor de correo personal, le están causando serios problemas ante la base electoral no sólo más joven, sino entre un sector más amplio de la base demócrata.

Por esta razón, y ante la nada lejana posibilidad de una derrota en New Hampshire, Bill Clinton ha decidido que ha llegado el momento de arrimarle el hombro a su esposa. El problema es la forma que ha elegido el ex presidente de Estados Unidos. Sus ataques contra Sanders, a quien ha acusado de ser “hipócrita y deshonesto”, y de ser poco menos que una caricatura prometiendo una revolución política que jamás podrá poner en marcha, podrían revertirse contra su esposa entre esa base electoral joven que prefiere creerle a un anciano como Sanders que al matrimonio de los Clinton.

Sólo los resultados de mañana martes en New Hampshire dirán si, acaso, los ataques a la desesperada de Bill Clinton contra Sanders surtieron el efecto deseado o, por el contrario, consiguieron generar más anticuerpos contra la candidatura presidencial de Hillary.

En el bando republicano, aunque todo el mundo da por descartada la victoria de Donald Trump, nada parece seguro desde los resultados en Iowa. La forma en que se equivocaron todas las casas encuestadoras han despertado el recelo de medios y electores ante una cita en New Hampshire que podría traer muchas sorpresas.

Entre otras, la redención de Jeb Bush, el ex gobernador de Florida que ha estado ausente en los primeros lugares de las encuestas, quien podría tener su última oportunidad en New Hampshire para resucitar o despedirse de una contienda que no ha respondido a las expectativas de victoria de quienes están pensando muy seriamente abandonar el barco y apostar por un candidato más viable.

 

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