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En un acuciante desafío social, económico y político sin espacio para las bromas y los chistes, el comediante Jimmy Morales Cabrera asumirá esta tarde la presidencia de Guatemala con la promesa de cambio real en el país más poblado de Centroamérica. Sin embargo, el pueblo está impaciente, vigilante y a la espera de resultados inmediatos del nuevo gobierno, por lo que su gestión puede tambalearse en el corto plazo.
Las multitudes guatemaltecas ya demostraron que pueden tumbar a un presidente, como hicieron entre abril y agosto de 2015, con las protestas callejeras contra la corrupción en los principales estratos políticos. El mandatario Otto Pérez Molina se vio obligado a dimitir a inicios de septiembre y finalmente quedó encarcelado.
Famoso hace más de 22 años entre los guatemaltecos por sus personajes de payaso en la televisión y el cine nacionales, Morales, de 46 años, casado con la guatemalteca Hilda Marroquín, con quien tiene cuatro hijos: José, Samuel, Jorge y Raúl, asumirá hoy como décimo presidente desde que Guatemala restableció la democracia en 1986, luego de 32 años de regímenes militares.
En un país con las arcas vacías o ya sin arcas en el que más del 55% de sus 16 millones de habitantes sufren pobreza, Morales ganó las elecciones de octubre y noviembre de 2015 como candidato del opositor Frente de Convergencia Nacional (FCN), gracias al “voto de castigo” a la clase política tradicional por la profunda corrupción.
Inexperto en asuntos públicos, Morales genera zozobra. “El criterio de que con Morales Guatemala da un salto al vacío está vigente y peor”, dijo a EL UNIVERSAL Edgar Gutiérrez, director del Instituto de Análisis de los Problemas Nacionales, de la estatal Universidad de San Carlos. Subrayó que ni siquiera ha sido designado el gabinete de gobierno, por lo que no hubo transición entre los actuales y los futuros ministros y jerarcas. “Ahora vamos con un capitán al que le toca tomar la nave y no sabemos hacia dónde nos lleva, ni con quién”, alertó.
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