“El problema es el PT, no el sistema político”

Mundo 23/08/2015 01:50 José Vales / Corresponsal Actualizada 01:51
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Además de ser el director del Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río), Ricardo Ismael es uno de los observadores más agudos de la política brasileña. Vio venir la crisis aunque nunca creyó que tendría tal magnitud y ahora, en el peor momento de la misma, con el gobierno contra las cuerdas y el sistema político cuestionado, asegura que la solución “llevará su tiempo”.

¿Cómo analiza usted esta crisis que por momentos pareciera que arrasa con todo a su paso?

—Es una crisis con tres vectores. Uno es de la investigación de la Operación Lava Jato (Petrobras). Es tal vez el vector más importante de la crisis y todavía necesita seguir avanzando para saber hasta dónde se profundiza esta situación. El segundo vector es el económico. Y allí el gobierno generó un cambio muy grande en su política económica. Pasamos de generar empleo y aumentar la política de subsidios a tomar medidas que profundizaron la recesión no sólo para este año sino también para 2016. Y el tercero es político. Vemos que la relación del gobierno con la oposición es la peor en años y que la relación del Ejecutivo con su base aliada en el Congreso es muy mala, y Brasil es un país de consensos. Si a esto le agregamos el gran déficit público, vemos que la presidenta Dilma Rousseff está en serios problemas.

¿Qué fue lo que, a su entender, provocó esa erosión en los niveles de popularidad y descrédito en una presidenta que hace un año y medio fue reelecta?

—El Partido de los Trabajadores (PT) generó un modelo de gobierno en el que no formó frentes o alianzas firmes con otros partidos, como se caracterizó en otros gobiernos. Estableció pactos y mostró una forma muy independiente de llevar adelante los asuntos del Estado. En la última elección la presidenta esgrimió un lenguaje muy duro contra la oposición que la llevó a romper todos los puentes de diálogo con el Partido de la Social Democracia (PSDB) y otros. Y luego no cumplió con la política económica que había anunciado en la campaña, aplicó otras medidas. Allí radican sus más grandes errores que la llevaron a este momento.

Llevamos décadas escuchando a la clase política brasileña prometer una reforma política. ¿Cree que de haberse implementado esa reforma esta crisis se hubiese podido evitar?

—No. Para nada. Tengo colegas que opinan en ese sentido pero no creo. Brasil tiene condiciones para salir de la crisis con lo que tiene. No existe la posibilidad de reformular el país y las instituciones. Con estos líderes y con lo que vaya surgiendo de la Justicia. Su solución no será inmediata. Depende de cómo avancen las investigaciones en el caso de la Operación Lava Jato o si el Tribunal de Cuentas determina que se maquillaron los presupuestos oficiales y entonces se avanza en un impeachment, faltará todo el proceso. Es muy temprano aún para saber cómo y cuándo se resolverá.

Fernando Henrique Cardoso le pidió a la presidenta un “gesto de grandeza”, con su renuncia…

—Eso depende del fuero íntimo de la presidenta. En ese caso, también la solución llevará su tiempo aunque no creo que haya problemas si asume el vicepresidente Michel Temer. Fernando Henrique expresa la opinión de un sector del empresariado y de la política que cree que la presidenta no tiene condiciones para revertir la situación.

Lo paradójico es que es el PT, el partido de “las causas justas”, el del rol protagónico en la transición democrática y el de la inclusión social, el que desató todos los demonios para llegar hasta este momento. ¿Qué lectura tiene al respecto?

—Sí, el PT es el partido que marcó la vida política en el último cuarto de siglo. Pero el que entró en crisis es el PT, no es el sistema político brasileño. Y entró en crisis por lo que explicaba antes, la forma de gobernar. Sus dirigentes adoptaron conductas, tomaron decisiones y ahí están las consecuencias. Aún posee un gran electorado que sufrió el golpe cuando se enteró que José Dirceu (ex presidente del PT y jefe de la Casa Civil) se enriqueció personalmente al igual que otros dirigentes y eso se paga, como se ve ahora.

El mundo siempre creyó que Brasil además de tener a Pelé en el futbol, tenía al Pelé de la política: Lula. ¿Cómo queda su imagen ahora?

—Dañada. El Lula líder, intuitivo, el del ascenso social, sigue ahí, pero el Lula que promovió el comercio de las empresas brasileñas en el mundo y las acciones de las empresas constructoras en toda América Latina, todavía no está bien explicado a la población. Mucho más ahora que es investigado.

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