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Juanito recibe donaciones, tiene un número de cuenta de monedero de Banco Azteca (2532 1364 4299 73) a nombre de su papá, Carlos Suárez (REBECA JIMÉNEZ. EL UNIVERSAL)

Confecciona peluches para atender a su hijo quemado

19/06/2016
01:01
Rebeca Jiménez Jacinto
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La madre cayó en depresión, cuatro años después del accidente los dejó

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Naucalpan, Méx.— Carlos Suárez Márquez elabora llaveros de estambre para sostener a su familia, especialmente a Juanito, al que ha acompañado día y noche en más de 12 cirugías para recuperar su rostro y curar las lesiones que le dejó el incendio de su casa en El Tejamanil, caserío que penetra la zona boscosa de San Francisco Chimalpa.

El 26 de febrero de 2004 la casa de Carlos se incendió, el fuego abrazó la cuna de Juanito e hizo presa al pequeño que entonces tenía cuatro meses de edad. La madre se quemó sus manos tratando de apagar la lumbre que envolvía a su hijo.

Desde entonces Juanito ha sido operado con apoyo de la Fundación Michou y Mau más de 12 ocasiones en hospitales Shriners, tanto de Galveston Texas como de la Ciudad de México, tiempo en el que como padre “he centrado toda mi atención en mi hijo”, mientras su madre cayó en depresión y después de cuatro años del incendió decidió dejarlos.

“Ningún trabajo me aguanta cuando tengo que estar con Juanito en el hospital, en traslados y curaciones”, relata el hombre 48 años.

Éste es un trabajo de familia, mientras Juanito pega ojos y corta algunas piezas, su hermano mayor, de 14 años, realiza entregas de pedidos.

La casa ubicada en lo alto del Tejamanil lo mismo es dormitorio, cocina que taller de muñecos de estambre, los que tienen que proteger en cada tormenta porque el techo de lámina tiene filtraciones y goteras.

En cada operación “dejamos de trabajar y me descapitalizo, por lo que tengo que volver a empezar casi de cero”, cuenta con angustia.

Carlos se hace cargo de la casa solo, lo mismo se las ingenia para lavar la ropa “a pulmón y cepillo, pues me hace falta una lavadora, que para cocinar, cuando hay tiempo”.

En tanto, Juanito, como un niño de 11 años, sube y baja la cuesta que lleva a su casa. Prácticamente no tiene amigos, sus compañeros suelen burlarse de él. Sueña con jugar futbol, conocer el Estadio Azteca y recuperar su rostro, luego de que cirujanos han ido moldeando sus párpados, nariz, orejas y ahora trabajan en implantes para el cabello; aún le faltan las cejas y pestañas, cirugías para afinar su rostro y una mano robótica derecha, de la que perdió todos sus dedos.

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