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phenelope.aldaz@eluniversal.com.mx
Ante la cercanía de 2018, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, cambió el formato de los protocolos en sus actos públicos. Olvidó los cercos de seguridad y se dejó apapachar.
Besos y abrazos, por demás efusivos, recibió el mandatario, también se tomó selfies, atendió denuncias. Hubo “más acercamiento con la gente”, como él lo describió.
Desde el fin de semana, Mancera optó por un formato más dinámico. Ahora baja del escenario, toma el micrófono, platica con los asistentes, escucha sus reclamos, lo mismo recibe reconocimientos.
Ayer, esa cercanía quedó más clara. Al encabezar la presentación de un programa de capacitación para mujeres en el Deportivo Plateros, en la delegación Álvaro Obregón —uno de los principales bastiones del PRD liderado por el diputado local Leonel Luna— pidió el micrófono y caminó entre la gente.
Quienes se encontraban en primera fila se mostraron tímidas, se limitaron a tomar fotos y grabar videos; conforme avanzó por la cancha de futbol las mujeres se le fueron acercando.
Mientras el jefe de gobierno destacaba la creación de 109 mil empleos generados en la Ciudad de México el año pasado, hubo quien no dudó en acercarse y abrazarlo, posar para la foto.
Recordó que bajo su administración se puso en marcha el programa Mi Primer Trabajo, que brinda oportunidades laborales a jóvenes egresados, y Cero Rechazados, a través del cual 15 mil jóvenes están continuando con sus estudios.
Al concluir el protocolo, la efusividad no vino a menos, por el contrario, los empujones llevaron al secretario de Desarrollo Social, José Ramón Amieva, a ser su escolta.
¿Preparándose para la campaña?, se le preguntó, a lo que Mancera respondió: “No, pues mira es de todo un poco ¿no? Depende también del escenario y las condiciones.
—Pero van a decir que está haciendo actividades de campaña
—No pues ustedes vieron, es de contacto nada más.
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