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Las leches vegetales son en la mayoría de los casos el derivado de una fruta o semilla reposado en agua y posteriormente licuado. Pueden ser una excelente alternativa para las personas veganas, intolerantes a la lactosa, a los que le caiga pesado la leche normal o simplemente para probar incorporarla en nuestra dieta, ya que cada una tiene un sabor especial y distinto que puede cambiar por completo un platillo o receta.
Puedes comprarlas, sin embargo lo más recomendable es intentar hacerlas tú mismo y encontrar tu favorita, ¡te decimos cómo!
Leche de coco

Además de agua, mantequilla y aceite, entre otros derivados más, el coco también nos brinda leche. Para prepararla se ralla y remoja la pulpa de coco en agua caliente; durante este proceso, se le retira la grasa y el líquido restante se exprime y cuela para así obtener la leche. Entre los beneficios de la leche de coco encontramos que ayuda a disminuir los niveles de colesterol, así como la presión sanguínea.
Leche de avena

Aunque esta leche no es tan conocida como la de almendra o soya es una de las más nutritivas y a su vez muy baja en grasa y libre de colesterol. La leche de avena contiene 10 minerales y 15 vitaminas; además beber una taza al día te aportará hasta el 36 por ciento del calcio recomendado. Para prepararla remoja una taza de hojuelas de avena en seis tazas de agua fría, por una noche con una pizca de sal. Licúa y cuela.
Leche de almendras

Es una de las leches más populares y consumidas entre las personas que padecen intolerancia a la lactosa, así como entre los veganos y/o vegetarianos. Prepara tu propia leche de almendra en casa; lo único que tienes que hacer es remojar una taza de almendras en agua durante dos días, transcurrido el tiempo, cuélalas y enjuágalas con agua fresca. Licúalas con dos tazas de agua y cuela.
Leche de arroz

Al igual que otras leches vegetales, la leche de arroz no contiene lactosa, lo que la hace ideal para intolerantes y veganos. Contrario a lo que pudiera pensarse, esta leche contiene más calorías que la de vaca, con la diferencia que no contiene colesterol y es baja en grasa. Además de utilizarse en la cocina, en algunos países asiáticos es utilizada para el cuidado de la piel gracias a que ayuda a conservar un tono claro.
Leche de soya

Es una de las alternativas más populares. A diferencia de otras leches de origen vegetal, la leche de soya es rica en proteínas (una taza contiene siete gramos); además, cuenta con los nueve aminoácidos esenciales, como el calcio y el hierro (299 mg por taza y 1.1 mg). Para hacer tú mismo leche de soya, remoja una taza de frijol de soya en agua durante tres días y muele con cuatro tazas de agua.
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