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Rosalba Morales y cocineras

Mujeres: orgullo michoacano

08/03/2017
00:21
Mariana Castillo
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Para mujeres como Rosalba la cocina es una oportunidad de independencia

Rosalba Morales cruzó la frontera dos veces, con todo y la ayuda de los "coyotes". Fue en la segunda ocasión cuando llevaba a Celeste, su primogénita, en el rebozo. La niña nació en territorio estadounidense durante su primera estancia en aquel país pero aún así la pasó de ilegal. A pesar de las circunstancias, el miedo no la venció: el destino le tenía un mejor camino.

Rosy, como le dicen de cariño a esta cocinera de San Jerónimo Purenchécuaro, Michoacán, no hablaba español, su lengua natal es el purépecha. Tampoco se comunicaba en inglés pero se fue porque le ofrecieron guisar en un restaurante mexicano- americano donde aprendió nuevos sabores como la birria de cachete, a la cual le agregaba su sazón. Le ponía menta porque no había hierbabuena y le molía semillas de cilantro criollo pues en esas hierbas está el sabor de su pueblo.

Cuando te vas, necesitas trabajar como burro. Sabes que no te la vas llevar ligerita. Su jornada era de 16 horas, casi no dormía. Estaba delgada y exhausta. Antes de hacer la comida en el restaurante y para sus patrones, pizcaba espárrago por las mañanas. Le tocaban tres surcos de ida y vuelta, en una distancia como de su pueblo a Chupícuaro, lo cual equivale a dos horas en las cuales, además de cargar, casi siempre estaba agachada. También pizcó cereza, zarzamora y “descuató” manzana.

Ella manejó en los highways , estuvo en lugares como Toppenish, Yakima y Seattle en Washington y hasta visitó la reserva de los indios Yakama. Notó que tenían parecido físico y hasta la confundían con ellos. Una vez la invitaron al temazcal como muestra de hermandad. La visita le recordó su objetivo: hacer su casa en su querido San Jerónimo. Y no paró hasta que lo logró. Regresó a Michoacán para dedicarle tiempo a sus hijos. Volver la hizo sentirse más orgullosa de sus raíces. Cuando reconoció el camino a su pueblo, lloró de felicidad y quizá también de nostalgia. Con el tiempo, la cocina le tendría sorpresas, gracias a la trucha a la Purenchécuaro, un platillo con un legado de tres generaciones.

Rosy participó por primera vez en el Encuentro de Cocineras Tradicionales de Michoacán en 2010 y ganó el primer lugar en la categoría Rescate. Los asistentes no imaginaban cuánto le costó lograr esa salsa como la que hacía su abuelita. Aurora Bartolo, su mamá, era la juez que la probaba y le daba el visto bueno. Sólo se necesita trucha, jitomate, tomate, chiles perones, cilantro, epazote y cebolla, pero lo importante es darle su tiempo al jitomate: debe estar en su punto para que tenga ese sabor dulce que ese guiso necesita.

Foto: MARIANA CASTILLO

Ha aprendido los saberes del fogón desde niña pero hace comida desde los 14. Hoy su hija le ayuda a cocinar viandas michoacanas, incluyendo esos charales en los que es experta. Le enorgullece contar que el secreto está en descamarlos, quitarles las agallas y usar leña de pino, cuidando la temperatura. Gabino Guadalupe Morales, su papá, era pescador y las esposas e hijas de pescadores saben cómo limpiarlos. Para Rosalba, los charalitos le han abierto muchas puertas.

Rosalba es jefa de familia, no depende de que un marido la mantenga, tiene su comedor desde hace ocho años y viaja a festivales gastronómicos para mostrar su sazón pero no hay nada como ir a verla y compartir un taco junto a su amena plática y un café de olla recién hecho. La cocina es un espacio de poder para mexicanas como Rosy: en ella alimenta a su familia, prepara ahí lo que venderá para ganar el sustento, integra a la comunidad cuando hay fiestas y es laboratorio de creatividad y conservación de la memoria.

Ella ha luchado contra las críticas que las mujeres independientes suelen recibir, pero su felicidad está en su trabajo y con sus hijos. Le costó 25 años llegar a donde está. Sólo le falta un sueño por cumplir y es visitar Canadá. Su perseverancia y paciencia es tan grande que seguramente, algún día irá. Ya ha llegado más lejos. 

 

Cocina tradicional “Rosy”

Dirección:  Benito Juárez s/n, Barrio de Guadalupe, San Jerónimo Purenchécuaro, Michoacán

Tel: 01 443 161 1642 y 01 443 363 1472 (hablar antes de visitar)

 

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