Concluye la semana de asueto que con motivo de la Semana Santa tuvieron miles de estudiantes, trabajadores y docentes de la UNAM. Retomarán sus actividades y continuarán enfrentando problemáticas que para muchos significan un verdadero viacrucis.

Aunque en la máxima casa de estudios se genera un porcentaje importante del pensamiento científico del país, acervo de temas diversos, y referente indudable de la vida social, política y cultural en México, en ella han aparecido muestras de descontento ante problemáticas que aquejan cotidianamente a la comunidad universitaria: la violencia de género y la precariedad laboral.

De acuerdo con el portal de estadísticas de la UNAM, para el ciclo escolar 2017-2018, la Universidad tenía registrado un total de 349 mil 515 estudiantes distribuidos en bachillerato, licenciatura y posgrado, del cual 50.9% son mujeres. Con una planta académica de 40 mil 184 profesores, de la que 44.3% son mujeres, quienes laboran en los Colegios de Ciencias y Humanidades, las Preparatorias, las Coordinaciones de Investigación y las Facultades y Escuelas, precisamente en estas últimas es donde se concentra el grueso de su personal docente y alumnado.

La violencia de género y la precariedad laboral, han azotado a la comunidad universitaria en distintas formas y magnitudes. La escalada de violencia en el país ha agudizado la situación al interior de la institución, sumando descontentos e indignacion ante los agravios y la falta de una solución real y efectiva, como sucedió con el feminicidio de Lesvy Berlín Osorio, ocurrido en el campus universitario en 2017. En cuya investigación no fueron útiles ni los videos ni los protocolos vigentes, y fueron necesarios los pronunciamientos de expertos y de los familiares de Lesvy para que se recategorizará como feminicidio. Los casos de acoso y violencia sexual en ese mismo año, de acuerdo al estudio Intrusas en la Universidad, reportó que cuatro de cada 10 alumnas, trabajadoras y profesoras habían sufrido acoso u hostigamiento sexual (EL UNIVERSAL, 17/04/2017). Un caso grave fue la agresión sexual sufrida por una estudiante de la Escuela Nacional Trabajo Social, dentro de las instalaciones de la universidad.

Frente a ello el pasado 22 de marzo cientos de universitarias confluyeron en la Facultad de Economía, para realizar la primera asamblea interuniversitaria que, ante la escalada de violencia dentro y fuera de la Universidad, con posturas diversas, hoy ponen en el debate las formas en que se da atención al tema, y plantean la urgencia de generar acciones que preserven su integridad.

Por otro lado, la precariedad laboral en la UNAM, sin ser algo nuevo, actualmente se ha agudizado, por la inestabilidad económica que azota al país. Casi la mitad de su planta docente es contratada por horas de forma interina, por lo que muchos enfrentan un verdadero viacrucis cada semestre para que les sean respetados horarios y número de horas. Aunque esta situación genera inconformidad y protestas, las autoridades universitarias no escuchan y menos aún resuelven el problema, violando con ello el propio Estatuto de Personal Académico, en el cual se establece que los profesores al cumplir un año de servicio tienen derecho a que se abra concurso de oposición para que obtengan la definitividad.

Durante el mes de marzo hubo movilizaciones importantes en el CCH Oriente, Preparatoria 7 y protestas en la Facultad de Economía, cuyo detonador fue la demanda por estabilidad laboral, incremento de salarios y reconocimiento de la labor docente. La violencia de género y la precariedad laboral son hoy una bomba de tiempo que lleva en su espalda la Universidad, y a la cual urge dar una solución que fortalezca a la institución y a la comunidad universitaria.

Profesora de la Facultad de Economía, UNAM.
Integrante del CACEPS. caceps@gmail.com

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