La “amnistía” propuesta por López Obrador fue un truco mediático para favorecer su campaña presidencial. Sin gastar millones en publicidad, y enarbolando la noble bandera de la paz, AMLO se colocó en el centro del debate con la descabellada propuesta de indultar a los capos del crimen organizado y reconocerlos como “insurgentes”. Su “amnistía” pretendía convertirlo fast track en presidente de México. Se nota cansado, y se mostró molesto por la proliferación de candidatos presidenciales. Los acusó de “montoneros”.

(Si aceptara la propuesta, el gobierno federal estaría reconociendo su derrota, renunciando a la rectoría del Estado y compartiendo la soberanía con el “crimen organizado”. ¿Quién designaría a los beneficiarios de la amnistía? ¿López Obrador?).

El acuerdo llevaría años de negociaciones y jamás sería firmado. No olvidemos los fracasos que han sufrido gobiernos de otros países que han intentado negociar con fuerzas beligerantes.

La legítima aspiración de Andrés Manuel de ser presidente no tiene nada que ver con la “mafia del poder”, ni con “los de arriba” o “los que mandan”. Esas son frases huecas para enardecer a los votantes y darle credibilidad al candidato de Morena como tribuno del “pueblo bueno”.

AMLO jamás ha revelado su ideología. Pero su retórica tiene el sonido de otras épocas. Si consideramos las fechas de sus estudios de Ciencias Políticas en la UNAM, y sus inclinaciones de “izquierda”, AMLO pudiera resultar un “marxista de closet”, que se “destaparía” al llegar al poder. Así lo hicieron Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Fidel Castro y otros líderes mesiánicos.

(En 2012, tras su segunda derrota electoral, AMLO reconoció en una entrevista con Jorge Ramos de Univisión que en esa ocasión no reclamaría la “presidencia legítima”. Se describió como un simple dirigente social: “eso es lo que soy”. En mi colaboración de entonces le pedí que no se desanimara; que era mucho más que eso. Le confesé que yo, por ejemplo, lo consideraba “un agente provocador y un temible desestabilizador social”).

¿Cuánto dinero y sinsabores le ha costado al país y a la CDMX el capricho presidencial de López Obrador? Sufre de una enfermedad que acusa los mismos síntomas de Hillary Clinton. Ambos nacieron con una obsesión presidencial que los impulsa a seguir la luz de los reflectores por encima del bienestar de la nación.

Una de las críticas más devastadoras contra López Obrador en 2012 fue el editorial publicado por El País con el título Obrador es un lastre. Ahí se pregunta el diario español si el líder de una “izquierda personalísima”, con dos elecciones presidenciales perdidas (pronto serán tres) y afectado de “victimismo conspiratorio” es el adecuado para una izquierda moderna que tiene otras opciones. Mencionaron en aquél entonces a Miguel Ángel Mancera, que ya abandonó la contienda presidencial para irse de vacaciones…

Analista político

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