¿Quién gana el debate?

Hernán Gómez Bruera

Cuando todos se proclaman ganadores, como suele suceder en los debates, vale la pena preguntarse qué es ganar un debate y quién puede proclamarse triunfador.

¿Gana el que aumenta significativamente su preferencia electoral? No lo creo. La experiencia muestra –y la literatura académica lo confirma– que los debates sirven fundamentalmente para reafirmar las preferencias existentes. Más allá de que uno u otro candidato alcance a subir unas décimas, es poco probable que el debate del domingo acorte la gran distancia que hoy existe entre AMLO y sus dos principales rivales.

¿Quién puede entonces ganar en un debate? ¿El que presenta el mayor número de propuestas so pena de aburrir al televidente promedio que quiere circo? ¿El que logra definir una agenda ambiciosa para transformar el país? En la sociedad del espectáculo en la que estamos inmersos seguramente no.

¿Gana el que siendo puntero logra conservar su intención de voto, mantener esperanzados a sus seguidores y movilizados a sus militantes? ¿El que sale ileso de los ataques de sus adversarios? ¿El que mantiene la consistencia de sus mensajes y los repite hasta el cansancio para instalarlos en el imaginario popular y que nadie los olvide?

¿Triunfa el candidato que parece más inteligente? ¿El que convence de que “sabe cómo hacerlo”, aunque eso lo identifique al presente y al pasado que ya no queremos? ¿El que logra que el público sepa su nombre, aunque haga el ridículo con frase como aquel “soy José Antonio Meade”?

¿Ganan los candidatos sin partido que buscan captar el voto antisistema? ¿El “independiente” que consigue generar polémica con propuestas para estar en boca de todos? ¿El fascista del norte que se lleva los memes de la noche? ¿La señora Maggie que dizque introduce el “toque humano” en el salón?

¿O se impone el que gana un concurso de oratoria y comunica con mayor elocuencia a juicio de comentócratas, intelectuales y periodistas fáciles de impresionar y ávidos de encontrar a alguien capaz de derrotar al puntero?

¿O gana el que arroja la mayor cantidad posible de estiércol sobre su principal contrincante, aunque sea a partir de ostensibles mentiras? ¿El que manipula las estadísticas de forma mal intencionada, como lo ha demostrado Verificado y tantos otros?

¿Se impone el mejor polemista, aunque esté vacío de contenido? ¿El mejor actor protagonizando el papel de Ricky Ricón, que sigue sin aclarar el origen de su propia fortuna?

¿Triunfa el que grita más, aunque no diga la verdad? ¿El hombre blanco, rico y educado que, como a tantos otros de su casta le enseñaron a tener siempre la razón? ¿El mismo que se acostumbró a que la gente a su alrededor lo vea con admiración o actúe como si realmente lo admirase? ¿El que asimiló que el mundo le pertenecía porque así lo decidió papá?

¿El niño que aprendió desde pequeño a sentirse un distinguido integrante de la élite? ¿El que apantalla con una seguridad en sí mismo que solo puede venir de su condición de privilegio? ¿El destinado a ocupar un sitio en la rotonda de los mirreyes ilustres?

¿Gana una vez más otro de esos políticos que saben hablar bonito? ¿Ese al que le sobra mundo, pero le falta México? ¿El que ha ido más veces a Berlín a fotografiarse con Angela Merkel que a conocer a los habitantes de Azcapotzalco?

¿El que vende futuro sin tener un proyecto? ¿El candidato de Santa Fé? ¿El joven que no sabe lo que los jóvenes necesitan? ¿El que le falta el respeto a las personas pobres pensando que se conforman con Ipads en lugar de aspirar a tener salud y educación?

¿No será que al final –a pesar de los medios, a pesar de las élites y a pesar del dinero público-- triunfa el que sabe entender las preocupaciones más básicas de la gente y llegar mejor a su sentido común? ¿El que es capaz de hablarle al pueblo llano, aunque cantinflee y no sepa explicarse en 170 caracteres?

¿No será que al final triunfa el que resulta atacado por todos los demás candidatos y candidatas? ¿Y si esos ataques solo sirven para mostrar que hay uno diferente y todos los demás son en realidad lo mismo? ¿Y si al final termina siendo más evidente qué todos ellos representan la continuidad y solo uno es opción de cambio?
 

Investigador del Instituto Mora

@HernanGomezB


 
TEMAS RELACIONADOS

Comentarios