19 | FEB | 2019
En la playa se pueden rentar vehículos anfibios para que las personas con discapacidad puedan ingresar a la playa con toda seguridad, aunque para rentarlos hay que subir por ellos hasta la entrada del pueblo (RAÚL TORRES)

Cuastecomates, una playa incluyente

03/12/2016
04:00
Raúl Torres / Corresponsal
Cihuatlán
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Desde 2015, el gobierno de Jalisco renovó con 47 mdp Cuastecomates. Hay 2 hoteles con 110 habitaciones, 27 son para personas con alguna discapacidad

Desde su silla de ruedas Jesús Silva mira el punto donde el cielo y el océano se juntan, sus músculos no le responden cuando intenta mover brazos y piernas, habla poco pero dice que le gusta el mar… mucho, también que le tomen fotos.

Viajó con su familia 110 kilómetros desde Autlán a Cuastecomates, en el municipio de Cihuatlán, para visitar la única playa incluyente de Jalisco; su padre, también de nombre Jesús, señala que la infraestructura creada en este pequeño pueblo de seis cuadras ayuda mucho a que personas con discapacidad puedan disfrutar de la playa.

“Ya habíamos venido antes de que hicieran todo esto y quedó muy bonito, también vamos a La Manzanilla, pero yo creo que en todas las playas deberían hacer cosas como esta porque es más fácil entrar”, señala.

Al llegar al entronque de Melaque por la carretera federal 200, a un costado del cuartel de la 22 Compañía de Infantería No Encuadrada del Ejército Mexicano un pequeño letrero sobre la calle Emiliano Zapata da la bienvenida a Cuastecomates: “Primera playa incluyente del Pacífico”. Desde ahí hay que recorrer un par de kilómetros hasta la entrada del pequeño poblado de seis cuadras y cinco calles.

En Quintana Roo ya existía este concepto, pero, son sólo los accesos a la playa; en Cuastecomates se renovó el pueblo completo.

En 2015, el gobierno de Jalisco comenzó a intervenir el pueblo levantando el asfalto para ocultar el cableado y sustituir las redes de drenaje; hoy todo el poblado está renovado, las vialidades son de concreto estampado, no existen machuelos, las áreas peatonales están delimitadas por bolardos y cuentan con una huella podáctil para los invidentes, hay señalética vial e informativa sobre la accesibilidad para personas con discapacidad, la nomenclatura de las calles y los mapas turísticos incluyen escritura en braile, un andador de madera recorre la playa de punta a punta por delante de restaurantes y palapas; es un pueblo pintoresco y ordenado.

El 13 de mayo pasado el gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, realizó un recorrido por esta playa para inaugurarla formalmente y brindar algunos datos sobre ella: se invirtieron 47 millones de pesos en el proyecto, un hotel grande y uno pequeño ofrecen 110 habitaciones de las cuales 27 están adaptadas para personas con alguna discapacidad y se cuenta con una unidad de atención médica de urgencias.

“Aquí en Jalisco son casi 300 mil personas, 300 mil jaliscienses que les tenemos que seguir generando mejores condiciones”, señaló ese día haciendo referencia a la población con alguna discapacidad que habita en el estado.

Volver a disfrutar el mar. Rosa y Francisco llegaron a Cuastecomates desde Guadalajara, a 350 kilómetros de distancia, para que Ofelia Isabel Cardona, la madre de Rosa, pudiera bañarse de nuevo en el mar, puesto que cuando le amputaron la pierna derecha hace cinco años pensó que eso ya no sería posible.

“Vamos a ver cómo funciona esto”, dice Francisco mientras empuja el vehículo que rentaron por 25 pesos. “Normalmente cuesta 25 pesos la hora, pero el encargado nos dijo que por no haber mucha gente hoy nos lo dejaba en ese precio hasta las cinco de la tarde, vamos a calarlo primero en la alberca del hotel para practicar y luego en el mar”, aclara.

Aunque la alberca tiene una rampa es demasiado pequeña para el vehículo, así que los tres se lanzan sin más a intentarlo en el mar y tras sortear algunas olas logran permanecer unos minutos en el agua sin problemas; pero Ofelia Isabel pide salir y los tres se dirigen de regreso a tierra.

“Lo que pasa es que ya no veo bien y no me siento segura si no alcanzo a mirar lo que viene de frente, pero yo creo que alguien que tenga su vista buena puede estar muy bien… fue un ratito pero me gustó y ahora puedo estar a gusto aquí en la playa”, indica Ofelia Isabel.

Los excluidos. La renovación del pequeño pueblo no beneficio a todos: sentados a un costado del andador de playa, delante del hotel que se erige al final de la pequeña bahía, algunos vendedores ambulantes se lamentan de que ahora llegan menos turistas que antes.

Virginia señala que cada semana llegan tres o cuatro camiones al hotel y siempre está lleno, pero es un hotel todo incluido y la gente no sale de ahí; sin embargo, el verdadero problema —dice— es que ya no
hay estacionamiento. “Vea usted, en todas las calles hay cajones para estacionarse pero todos son para personas con discapacidad y si te pones ahí, luego luego el agente de Tránsito te pone una multa”.

En todo el poblado hay aproximadamente 30 lugares para autos y todos están señalados como exclusivos para personas con discapacidad, así, el único sitio en que se pueden dejar los vehículos es un terreno ubicado en la última calle, donde el propietario cobra entre 50 y 80 pesos por auto, dependiendo el día.

“Al principio, cuando se supo lo de la  playa incluyente  mucha gente vino a ver cómo estaba, pero cuando no encuentran estacionamiento nomás dan la vuelta y se van mejor a Melaque o a Barra de Navidad; en promedio yo creo que se quedan dos de cada 10 carros que llegan”, secunda Mario, otro de los vendedores.

Además, dice, después de la remodelación del pueblo los precios en los restaurantes se dispararon; pone como ejemplo el costo de un par de huevos estrellados que antes podía conseguir en 35 pesos y ahora no bajan de 50 pesos.

Ernesto es dueño de uno de los restaurantes de la  playa  y su queja es similar a la de los vendedores, asegura que antes de la remodelación venía más gente y se cuestiona de qué sirve que renovaran la imagen del pueblo si los turistas no se quedan.

“Parece que no es tan  incluyente  la  playa , porque no pensaron en la gente que no tiene discapacidad y ahora ellos no se quedan porque no hay donde dejar el carro; además falta que hagan más promoción”, afirma.

Por la calle Bahía, Rosa Arévalo y Francisco Javier García arrastran uno de los vehículos anfibios de renta que hay en esta playa para que las personas con discapacidad puedan meterse al mar; al verlos pasar, Ernesto acota: “Eso es otra cosa que no está bien, esos carritos no están en la playa y hay que subir por ellos hasta la entrada del pueblo, entonces hay gente que no sabe que está ese servicio y si no pregunta no se puede meter a bañar”.

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