“Padre estarás conmigo siempre, no te fuiste, aquí te siento”, dice José Adrián, hijo del reportero Pedro Tamayo, asesinado el pasado miércoles.

La viuda Alicia Blanco que se mantiene estoica, fuerte y al lado del amigo de la familia, el periodista y profesor Octavio Bravo y Bravo, llama a las autoridades a evitar que el crimen de su hombre quede impune.

Sus amigos de batallas reporteriles deciden cargar los restos de La Pedrona, como lo llamaban cuando bromeaban, porque Tamayo era alburero y a cada instante los agarraba “comiendo camote”.

En la diminuta capilla, le dan el último adiós a Tamayo.

Socorro Rosas, madre de Pedro, llora junto al féretro, inconsolable. Sus cuatro hijos restantes la confortan. La noche fue larga, al igual que la lluvia.

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