Menchú promueve cine

La premio Nobel de la Paz promueve un cine acorde con el principio maya de armonía

Rigoberta Menchú, en la ceremonia (CORTESÍA)
Espectáculos 24/07/2016 00:02 Julio Alejandro Quijano/Enviado Actualizada 11:18
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Punta del Este.— Ricardo Darín las ve y se emociona tanto que no se aguanta: se levanta de su butaca y sube al proscenio del cine Mantra para abrazarlas. “Felicidades Marías”, les dice mientras las apachurra con efusividad. Son María Mercedes Coroy y María Telón, quienes recibieron ayer el premio Platino del Público a Mejor Película.

No fueron ellas, sin embargo, las únicas mujeres mayas que irrumpieron en la ceremonia en Punta del Este. También estuvo Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz, cuya presencia coincidió con el premio otorgado a Ixcanul, cinta que narra el drama de una mujer obligada a un matrimonio por conveniencia, a pesar de que para ella su sueño es ir más allá del volcán, de Ixcanul, para encontrarse ese otro mundo donde la pobreza no condena.

Menchú, además de manifestar su apoyo a la película (filmada en idioma maya y que ya ganó el Oso de Plata en Berlín), está en los Platino para promover un cine acorde con el principio maya de armonía. “El cine no sólo inculca un concepto sino que puede construir valores y principios de respeto. Como dicen los mayas, necesitamos existir en armonía”.

Como parte de este proyecto, Menchú fue invitada para entregar mañana el Premio Cine y Educación, como parte de la ceremonia de los Platino. “El cine es poderoso para captar los escenarios actuales y las necesidades humanas de convivencia”, explica.

Conectada con las tragedias del terrorismo en meses recientes, la reflexión de Rigoberta Menchú sobre el cine y su poder la hacen apuntar hacia Europa. “La paz que queremos promover a través de valores en el cine no es una paz a partir de la guerra. Ahora parece que el mundo gira al revés. Durante muchos años se trató el tema de refugiados en muchas naciones pero no en Europa. Era una migración de falta de trabajo para los ciudadanos. Hoy Europa está llegando al punto de que tiene que ser un santuario para refugiados de conflictos armados, racismo, controversia”.

Menchú recuerda: “Cuando yo salía al refugio tenía 22 años y soñaba no una vida afuera, o una familia afuera, soñaba con volver a la tierra donde nací. Esos son los sueños que deben ser apoyados desde aspectos como el cine”.

“Sólo espero que Europa tenga la capacidad ética y moral para darle a los refugiados un lugar seguro”.

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