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Y entonces apareció. La reacción fue inmediata: todos de pie, para poder ver al joven Juan Gabriel que bailaba y cantaba al fondo del escenario “Querida” junto a Juanes.

Se tuvo que esperar a que el sol muriera y la oscuridad se hiciera ley para que el milagro tecnológico sucediera en el escenario del Foro Pegaso.

De pantalón blanco y suéter rojo, El Divo de Juárez revivió ante los ojos de miles de personas que aguantaron el frío toluqueño y aplaudieron a los amigos y colegas del compositor.

No sería la única vez que la figura del homenajeado hiciera acto de presencia, lo haría también para interpretar un par de canciones más, incluyendo “No tengo dinero”.

Y aunque a la distancia se veía su figura casi en tres dimensiones, no pudo interactuar más con los bailarines o los artistas en escena.

Porque era un sueño vuelto realidad verlo ahí de nuevo en el lugar que tanto amó, la tarima, y recibiendo el aire que le permitía respirar: los aplausos.

Antes del show parecía que muchos asientos se quedarían vacíos, pero en realidad la tardanza de la gente era porque luchaba por llegar y se distraía con los lugares de comida y uno que otro objeto personal de Juan Gabriel.

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