Viviendas deficientes

Editorial EL UNIVERSAL

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Cada día más familias mexicanas han tenido acceso a una vivienda. Llegar a una casa propia representa usualmente para miles de parejas dejar atrás el hacinamiento en el que vivían, a menudo en la casa de alguno de los padres. Contar con un espacio para habitar es contar con un ambiente que puede ser el detonador de un mejor futuro… pero no siempre es así, especialmente en lo que se refiere a las unidades habitacionales.

Las casas de unidades habitacionales son unas a ras de suelo y otras diferentes cuando se les ve desde el aire, como lo ha captado el arquitecto Jorge Taboada en una serie fotográfica llamada Alta densidad, de la cual hoy EL UNIVERSAL presenta algunas imágenes.

Decenas, centenas, miles de casas prácticamente iguales, con los mismos colores, formas y acabados. Todo geométricamente balanceado. Desde las alturas, sin embargo, sólo se perciben enormes superficies de concreto, con escasa o nula vegetación. Prácticamente no hay áreas comunes, escuelas o parques.

El autor de la serie fotográfica lo refiere a su modo: “Parece un plan perverso de una mente que quiere meter a la población en un orden. Son paraísos siniestros”.

 

La mayoría de desarrolladoras de este tipo de inmuebles cumplen con entregar lo mínimo olvidando generar en los habitantes el sentimiento de comunidad. Generalmente están ubicadas en las periferias de las grandes ciudades, alejadas de los centros de trabajo y de las escuelas; a eso se suman quejas sobre la calidad de los servicios públicos: agua, luz, drenaje, y que la mayoría de esas viviendas solo tienen dos recámaras.

Esas deficiencias, a la larga, representan un gasto adicional para los gobiernos, que tienen que proporcionar servicios educativos y mejorar vías de acceso, por ejemplo.

La autoridad también ha tenido que intervenir para ampliar esos pequeños espacios con programas como el denominado “Cuarto Rosa” o “Un cuarto más”, que no solo buscan abatir el hacinamiento sino que tiene el objetivo de que en esa nueva área solo duerman y vivan las mujeres de la casa.

Investigadores han señalado que el acceso a la vivienda se convierte en una herramienta fundamental para romper el círculo de la pobreza. Con una casa propia es menor el riesgo de contraer enfermedades, los hijos pueden tener un espacio propio para estudiar, además de contar con una vía para generar historial crediticio.

No se trata solo de proporcionar inmuebles y que muchas inmobiliarias se embolsen jugosas ganancias, se requiere planeación y supervisión oficial para dar calidad de vida a sus moradores.

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