Hoy, cuando los ánimos en Estados Unidos están por demás tensos a causa de los paquetes con explosivos enviados en días pasados a diversos personajes de ese país críticos con Trump, y cuando la caravana migrante formada por cerca de 4 mil centroamericanos avanza hacia la frontera de México con EU con miras a internarse en territorio estadounidense, vemos una expresión más del racismo, xenofobia, radicalismo e intolerancia que de manera cada vez más preocupante se gesta en el vecino país, en buena medida alimentado por el discurso irresponsable e incendiario del presidente Donald Trump.

Ahora, milicias y activistas de extrema derecha de EU están recaudando fondos y anunciando planes para ir a la frontera con nuestro país, para “ayudar” a detener a la caravana de migrantes centroamericanos. Estos milicianos dijeron que planean llevar armas y equipo como chalecos blindados para “ayudar” a la Patrulla Fronteriza a evitar que entren a su país personas indocumentadas.

Aunque no está claro exactamente cuántos milicianos llegarían a la frontera, la posibilidad de que haya ahí civiles armados —en un claro desafío a la ley— ha atizado los temores de que puedan darse hechos violentos en contra de los migrantes, quienes estarían llegando a la línea divisoria en solo unas semanas.

Desde luego se trata de un auténtico despropósito y por donde se mire es indignante e inaceptable que civiles armados, agrupados en lo que orgullosamente llaman milicias, siquiera aspiren a, ellos, “defender” la frontera de su país, labor que corresponde por ley exclusivamente a la Patrulla Fronteriza.

Y a pesar de que estas milicias no son algo nuevo y de hecho han patrullado intermitentemente la frontera sur de 3 mil 200 kilómetros de largo, durante más de una década, lo alarmante y triste es que lo que vemos ahora es botón de muestra del nivel que ha alcanzado —y continúa aumentando— este ánimo entre nacionalista nativista y xenófobo, además de potencialmente criminal, entre franjas importantes de la sociedad estadounidense.

Tal vez cabría comenzar a preguntarse, ¿qué tanto puede responsabilizarse a un líder como Trump, con un discurso provocador, por acciones fuera de la ley cometidas por sus seguidores, inspirados por tal mensaje?, ¿puede o debe establecerse una relación formal entre este tipo de mensajes y eventuales acciones delictivas?

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Ante lo que podría calificarse de insubordinación de civiles, así sea de una porción menos que minoritaria de la población de EU, el gobierno de Trump debe actuar apegado a la ley, respetando y garantizando el respeto a los derechos humanos de todos, y sobre todo evitar, aunque no le guste, que estas milicias agredan a los migrantes de la caravana.

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