La problemática migrante

Editorial EL UNIVERSAL

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La recomendación de Mark Manly, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en México, de que nuestro país debe prepararse para recibir a más migrantes centroamericanos, se da en un momento de suma tensión diplomática con Estados Unidos.

En un primer momento, el gobierno de Donald Trump le solicitó a México que contuviera en su territorio a las oleadas de migrantes centroamericanos, dispuestos a internarse en la Unión Americana en busca de las oportunidades de mejorar su vida que en sus países de origen simplemente no tienen; para ello, nuestro país ofreció a éstos lo mismo absorber los gastos de regreso hacia sus naciones o, en algunos casos —los menos— darles o buscarles trabajo en algunas de las obras que México requiere realizar. Muchos de ellos aseguraron que su idea no era quedarse en nuestro territorio y que insistirían en cruzar la frontera norteamericana, actuando algunos en forma violenta. Ante la radicalización de la postura de los migrantes, el gobierno estadounidense incrementó a su vez la presión que ejerce sobre su par mexicano y le ha exigido detener los flujos migratorios como condición para no cerrar la frontera ni cancelar los acuerdos comerciales aún en negociación, además de amenazar con castigar con aranceles a las exportaciones mexicanas, comenzando con las relacionadas con la manufactura automotriz.

Por otro lado, la promesa de darles empleo a esos migrantes aún no se ha concretado, amén de que de manera lógica entre los mexicanos se levantaron voces de protesta por ofrecer a otros el trabajo que tanta falta hace a nuestros compatriotas, en especial cuando ese mismo gobierno que a extranjeros les abre oportunidades, a los de casa se las cierra.

Es plausible que nuestro país trate a los migrantes de manera humanitaria pero también es cierto que hay una realidad presupuestaria de recursos que exige se establezcan prioridades, así como el surgimiento de una problemática social de integración de grupos de personas, que no sólo implica que se les abran las puertas y ya. La llegada de grupos ajenos a una comunidad se ha visto que siempre genera estrés en la sociedad que los recibe. Encuestas realizadas por EL UNIVERSAL demuestran que se ha incrementado notablemente el rechazo de los mexicanos a los migrantes centroamericanos, especialmente en las ciudades que los reciben en su entrada por Chiapas y en aquellas en que se detienen en espera de poder cruzar hacia Estados Unidos, como es el caso de Tijuana.

En este sentido debe recordarse al gobierno mexicano que no debe convertirse en farol de la calle y oscuridad de su casa, y que comience a sopesar el hecho de que las solicitudes de refugio deben estar bien administradas y acompañadas de un plan de integración, siempre apegándose a la legalidad y el respeto a los derechos humanos.

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