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A pesar de las resistencias de los nacionalismos vigentes, el mundo de hoy es globalizado; el intercambio político, económico y cultural entre países es parte de los signos de nuestro tiempo. Insistir en que las economías deben permanecer cerradas y en que las poblaciones no se relacionen de ninguna forma es necedad. No es posible modelar el mundo, la economía y las relaciones diplomáticas a partir de la cerrazón.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se mantiene firme en su intención de construir el muro fronterizo entre México y aquel país. Ayer emitió una declaratoria de emergencia nacional con el fin de que se le otorguen los recursos económicos nec esarios para llevar a cabo su plan. Trump asegura que Estados Unidos padece una “invasión de traficantes, drogas y criminales en la frontera”.
A estas alturas de su gobierno y en un contexto internacional tan complejo, en el que Estados Unidos tiene retos fundamentales, es incomprensible la obsesión de Trump con la construcción del muro fronterizo. En todo caso, una justificación que tendría Trump para llevar a cabo este perverso plan es que la construcción del muro fronterizo fue una de sus principales promesas de campaña. Visto así, tiene sentido que quiera cumplir con la base electoral que lo llevó a la Casa Blanca y que mantiene su respaldo hacia el presidente.
Por otra parte, es posible que Trump no tenga como fin evitar el cruce de mexicanos hacia Estados Unidos, sino que busque frenar a las caravanas de centroamericanos que cruzan México con destino al país del norte.
Como sea, es evidente que en lo práctico un muro no servirá de nada porque los migrantes indocumentados encontrarán la manera de burlarlo. Hoy, por ejemplo, para ese fin se utilizan recursos como túneles, drones y escaleras, entre otros. Desde la óptica financiera, realizar una obra de la magnitud anunciada por Trump es un desperdicio de dinero porque simplemente no cumplirá a cabalidad con su objetivo final, según lo han explicado diversos especialistas.
El gobierno de México debe dar frente, dentro de los cauces diplomáticos, a la iniciativa de Trump. La beligerancia del presidente de EU debe toparse con el buen hacer de nuestras autoridades diplomáticas. Mientras tanto, el gobierno federal tiene que encontrar una manera viable de tratar la llegada de nuevas caravanas de centroamericanos a territorio nacional.
En el momento actual es fundamental que los países y sus poblaciones dinamicen las economías, intercambien rasgos culturales positivos y encuentren puntos en común para construir adecuadamente la civilización del futuro. Los nacionalismos y las políticas proteccionistas inevitablemente perderán vigencia frente a la apertura y la libertad. Cancelemos la necedad.
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