Facebook ante el terrorismo

Editorial EL UNIVERSAL

La convivencia en las sociedades de hoy no se entiende sin el papel fundamental de las tecnologías de la información. La llegada de las redes sociales ha trastocado la comunicación porque, entre otras cosas, ha dado voz a todo aquel que disponga de un dispositivo con acceso a internet. Sin embargo, tal vez es momento de preguntarnos lo que esta realidad aporta al desarrollo común.

Las computadoras y teléfonos móviles conectados a internet permiten dar a conocer lo bueno del mundo, pero también ayudan a mostrar la peor cara del ser humano. En las redes sociales es posible ver las virtudes, pero también los defectos de nuestras sociedades, como es el caso del ataque terrorista que fundamentalistas perpetraron sobre dos mezquitas en Nueva Zelanda, en donde dejaron un saldo de por lo menos 49 personas muertas y otros tantos heridos.

Esta tragedia se agrava al considerar que fue transmitida en vivo desde Facebook. En tiempo real, los seguidores de este asesino presenciaron a distancia uno de los episodios más tristes ocurridos en aquel país. Ante estos hechos, Facebook anunció la eliminación del contenido, pero el daño estaba hecho y los terroristas alcanzaron su objetivo final, que es infundir miedo en la población.

No es la primera vez que las redes sociales son utilizadas para transmitir episodios trágicos, violentos. Hay casos de personas que divulgaron su muerte desde Facebook y Periscope, lo que ha dado lugar a amplios debates sobre el papel de estas plataformas y su utilidad social. Además, grupos terroristas han pretendido emplearlas, en algunos casos con éxito, para aumentar la visibilidad de sus fechorías.

Las audiencias en redes sociales se reúnen en torno a multitud de personajes que publican un amplio rango de contenido, no siempre positivo. De este modo, es posible ver expresiones que promueven la violencia, el racismo, la explotación sexual, entre otros fenómenos nocivos para cualquier sociedad.

En este contexto, en el que el terrorismo busca infundir miedo al publicitar en vivo tragedias como la de Nueva Zelanda, es fundamental discutir ampliamente sobre la horizontalidad, característica básica de las redes sociales que permite a cualquiera subir su contenido a la red. Hay que responder si la horizontalidad es todavía un valor o se ha convertido en un defecto.

Las plataformas digitales, como Facebook y YouTube, tienen severas políticas sobre el contenido con el fin de cuidar a las comunidades, sin embargo deben reconocer sus propios límites. Sin quererlo, estas plataformas son instrumentos que sirven al terrorismo, por lo que ha llegado el tiempo de actuar firme y contundentemente contra este mal. Lo que está en riesgo es la integridad de las comunidades, las personas que dan vida a estas empresas.

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