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La visitan por chueca

Con sus sabrosa gastronomía, animadas plazas e históricos edificios, Pisa muestra las huellas de su glorioso pasado

La Piazza dei Miracoli y sus monumentales edificios forman un concepto arquitectónico singular. (Foto: Robert Pittman)
La Piazza dei Miracoli y sus monumentales edificios forman un concepto arquitectónico singular. (Foto: Robert Pittman)
Destinos 16/01/2016 00:05 El Nuevo Dia/ Puerto Rico/ GDA Actualizada 17:12
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La ciudad italiana de Pisa es uno de esos destinos que un viajero añora visitar, al menos una vez en la vida. Lamentablemente, y ya aún antes de que estuvieran de moda los “selfies”, para muchos, la parada aquí se limita a una efímera ocasión para fotografiarse junto a su famosa Torre inclinada.

Opacada por la gran Florencia o las turísticas poblaciones toscanas de Lucca, San Gimignano o Volterra, los viajeros le suelen dedicar a Pisa apenas unas horas para explorar su bellísima Piazza dei Miracoli. La localización de esta, en el extremo noroeste de la ciudad, la apariencia desgastada del centro de la villa, pero, más que nada, la fatiga que ocasiona absolver la belleza y las informaciones de la milagrosa plaza han fomentado este mal hábito.

Un pena porque, en su casco antiguo, Pisa ofrece sabrosos locales gastronómicos, animadas plazas e históricos edificios que, enmarcados por el caudal del río Arno, le muestran al viajero las huellas de su glorioso pasado marítimo y mercantil.

Piazza dei Miracoli
Nombrada en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la Piazza dei Miracoli y sus monumentales edificios forman un concepto arquitectónico singular que se inspira en la milenaria cultura pisana y en una recreación cristiana del diálogo entre el cielo y la tierra.

La imagen es conocida, pero la sorpresa no es menor cuando el viajero cruza los altos muros de piedra que la rodean y se encuentra con el mármol blanco y el diseño divino de los edificios reluciendo sobre el intenso verde del cesped de la plaza.

A veces, un símbolo es suficiente para darle fama a una ciudad y, en el caso de Pisa, su Torre inclinada atrae cada año a millones de visitantes. Para combatir su programado derrumbe, la Torre se mantuvo clausurada durante doce años, de 1990 hasta 2001, mientras era estabilizada. Aún hoy, para protegerla de la vibración, las siete campanas en su interior ya no se escuchan y solo se permite ascenderla a 40 personas por vez.

Si se quiere ser uno de los afortunados, es esencial comprar a tiempo los boletos para visitarla. El boleto para ascender a la Torre cuesta 18 euros y separado del boleto para visitar los otros edificios de la plaza. Como consuelo por el alto precio, es bueno saber que el dinero se reinvierte en el mantenimiento del histórico conjunto arquitectónico.

Desde su construcción, en 1173, la Torre comenzó a ladear cuando el terreno de barro arcilloso y arena en que se levantó comenzó a ceder. La inclinación es impresionante, pero más aún el hecho de que por los próximos 300 años el riesgo de que se desplome se ha detenido. Hoy, desde su campanario a 55 metros de altura, se disfruta de la mejor vista de la villa toscana. El vértigo viene incluido.

Imperdible durante la exploración de la plaza es la visita a la Catedral de Santa María Assunta, mejor conocida como el Duomo de Pisa. Inaugurada en 1380, esta iglesia fue, durante varios siglos y gracias a sus cinco naves interiores, la más grande del mundo cristiano medieval.

Desde afuera, los cuatro pisos del pórtico del Duomo, adornados con filas de columnas, dan la impresión que alcanzarán el cielo en algún momento. En su interior, el estilo románico pisano de la iglesia ofrece acogedores rincones inspirados en el arte bizantino e islámico, así como una hermosa muestra de esculturas talladas a sus columnas y frescos antiguos.

La visita al Baptisterio y el recorrido por el Camposanto completan la exploración de la plaza y no exigen mucho tiempo, a menos que se quiera disfrutar de la atmósfera de estos lugares o de las historias que narran sus muros. Leyendas como la del Camposanto, que adquirió su nombre por la tierra de Jerusalem que depositaron aquí los caballeros pisanos a su regreso de las Cruzadas. Desde entonces, la palabra camposanto es sinónimo de cementerio en Italia.

Si deseas indagar en la historia y los tesoros de los edificios de la plaza, recomendamos visitar aquí el Museo delle Sinopie y el Museo de la Ópera de Pisa, aunque hasta el próximo año las salas de este último estarán cerradas por trabajos de restauración. También, al lado de la Torre, encontrarás el “Info Point” de la Oficina de Turismo de Pisa, con guías y mapas para orientar la exploración pisana.

Pisa universitaria
Saliendo de la Plaza del Milagro, Pisa ofrece una presencia más terrenal a medida que uno se encamina hacia su casco antiguo, preferiblemente por la central Vía Santa María. Las estrechas calles y fachadas gastadas de los edificios pisanos no ofrecen el brillo florentino; sin embargo, el viajero atento puede discernir un ambiente juvenil en sus estrechas calles, resultado del barullo estudiantil de sus tres universidades.

Pisa es una de las ciudades universitarias más antiguas de Italia y se estima que más de la mitad de los habitantes de la ciudad son universitarios. Un buen ejemplo lo ofrece la Universidad de Pisa, fundada en 1343 y que cuenta hoy con una dinámica presencia internacional. Con su programa “Inclinados hacia América Latina” la institución ofrece intercambios y becas para estudiantes de nuestra región.

Donde hay gente joven hay también abundancia de pizzerías, cafés y bares. En la pizzería más antigua de Pisa, Il Montino (Vicolo del Monte, 1), o en la pequeña Le Mura (Largo Parlascio) podrás disfrutar de la pizza tradicional de masa fina hecha en horno artesanal, así como de la especialidad local, la Cecina o Torta di Ceci, una pizza hecha con harina de garbanzos.

Plazas y vías pisanas
Cuantiosas, también, son las plazas en la ciudad, algunas amplias y monumentales, y otras pequeñas y rodeadas de multipisos residenciales de fachadas gastadas. En la Piazza San Uomobuono, en cuya cercanía se encuentra el mercado agrícola, se organiza en las mañanas un rastro de ropa que resulta ideal para los que persiguen las gangas italianas. En la Piazza delle Vettovaglie, desde hace 100 años, se levantan los quioscos del Mercato delle Vettovaglie, ofreciendo las frutas y los vegetales de la región. También la Piazza Vittorio Emanuelle II, parada central de autobuses y cercana a la estación de tren, ofrece un sinnúmero de bares y pequeñas trattorias.

Importantísima en la historia de la ciudad es la Piazza dei Cavalieri, una de las plazas renacentistas más representativas de Europa. Aquí encontrarás el hermoso Palazzo della Carovana, sede del antiguo gobierno civil pisano. El edificio, con su fachada esgrafiada con signos zodiacales y del que cuelga el escudo de la familia Medici, que conquistó Pisa en 1509, alberga la universidad de élite Scuola Normale Superiore. Esta institución sigue el ejemplo de la versión francesa del mismo nombre y es alma mater de varios premios Nobel, ministros y presidentes italianos.

La popular calle Borgo Stretto se encuentra a pasos de aquí. Bajo las arcadas de sus edificios se encuentran tradicionales tiendas, exclusivas boutiques y pequeños restaurantes y cafés. Una oportunidad ideal para hacer una pausa la ofrece el Caffe Pasticcería Salza, fundado en 1898, uno de los más antiguos de Pisa. Sus vitrinas repletas de “dolci” y “brioches” son una tentación al paladar. Sus cajas de chocolates con la imagen de la Torre inclinada son un recordatorio perfecto.

La Vía Borgo Stretto desemboca a orillas del río Arno. Durante las tardes, el caudal del río se convierte en una verdadera vía acuática, en donde los pisanos entrenan en barcos de remo o en kayaks. En muchas ocasiones, el Arno fue defendido por los pisanos en contra de las desmedidas ambiciones florentinas. Durante los siglos XI y XIII, cuando Pisa era una potencia marítima y se disputaba con Venecia y Génova el control de las rutas mediterráneas comerciales, su caudal le daba acceso al Mar Tirreno a la entonces poderosa República Pisana.

Durante la Edad Media, los pisanos ricos construyeron a orillas del Arno hermosas residencias o palazzi. Hoy, los tonos ocres, amarillos o siena tostado de los edificios que aún perduran ofrecen un buen contraste a los mármoles claros de iglesias del área, como la pequeña Santa María della Spina.

En una de estas residencias, el Palazzo Agustini, de 1775, se puede disfrutar del mejor café de la ciudad. Aquí se encuentra el Café del Uzzero (Lungarno Pacinotti 27), un lugar muy frecuentado por los pisanos y famoso por su “cioccolata con panna”.

Cruzando el río por el central Ponte di Mezzo se llega a la peatonal Vía Corso, la principal arteria comercial de la ciudad. Destrozado por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, este sector fue reconstruido al estilo arquitectónico de la década de 1950 y no cuenta con el flair toscano del resto de la ciudad. Sin embargo, su variedad de comercios y su cercanía a la estación central de trenes han convertido a la Vía Corso en una calle central en todo recorrido pisano.

Por último, su cercanía al mar, a ciudades como Lucca, Siena y Florencia y a interesantes lugares, como el Museo Piaggio, dedicado a las italianísimas Vespas, hacen de esta ciudad un destino que no debe ignorarse.

Pisa, en cualquier viaje, debe ser muchísimo más que un inclinado motivo fotográfico.

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