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hector.morales@eluniversal.com.mx
Chivas permitió que la ruta hacia la gloria se le volviera oscura, sinuosa. Dejó que en cuatro minutos, André-Pierre Gignac les eliminara una ventaja de dos anotaciones para irse con un empate 2-2, tras la ida de la final del Clausura 2017.
El francés destrozó al Rebaño Sagrado y su ilusión de sentirse monarca desde el partido de ida. Se convirtió en el crack que resucitó al vigente campeón.
Gignac fue una bestia que niveló el duelo al 84’ y 87’ con soberbias definiciones. Una con un remate cruzado y en la otra sacó al portero chiva, Rodolfo Cota, para hacer explotar El Volcán. Así, nada para nadie y todo empieza de cero para la vuelta.
Guadalajara comenzó con una sonrisa. Las manos de Nahuel Guzmán alguna vez fueron milagrosas. Anoche prefirieron cubrirse de vergüenza.
El portero argentino dejó escapar dos disparos que parecían de rutina. El balón lo dejó simplemente para la alegría doble del Rebaño Sagrado.
Primero, Alan Pulido lo aprovechó. Ese delantero que peleó con el Tuca Ferretti y se fue a Europa en rebeldía, anoche no desperdició la oportunidad de mandar al frente al Guadalajara, club que apostó por él.
Alan corrió al banderín triunfante. Ningún recuerdo de haber sido canterano tigre acudió a su mente. Hacer el tanto que abrió el marcador, al empujar el esférico (21’), provocó un grito potente. Ardor local.
Guadalajara neutralizó a su rival. Cuando lo supo maniatado, comenzó a atreverse en ofensiva. Vino otra jugada certera: Michael Pérez sirvió a Puligol un pase filtrado. Este último remató sin mayor colocación, ni fuerza. Nahuel recordó la manera de hacer el ridículo. Volvió a dejar un rebote para que Rodolfo Pizarro marcara e incendiara el corazón de 40 millones de aficionados al Rebaño, que están sedientos de gloria y que gritaron el 0-2 al 42’.
Pero Tigres posee a una depredador al frente. Gignac tiene la capacidad de resucitar a un equipo que estaba muerto.
Matías Almeyda se fue cabizbajo. Reconoció que sus pupilos pudieron salir con el cetro en el bolsillo. Fallaron. Nada para nadie. Todo se resuelve el domingo.
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