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Suplicio para ver ‘clásico del miedo’

Aficiones de Pumas y Águilas padecen revisión hasta los tenis

El hombre de identidad secreta, seguidor azulcrema (FOTO: IMAGO7)
Universal Deportes 04/12/2015 00:36 Daniel Blumrosen Juárez Actualizada 04:42
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Da lo mismo la playera que se porta, también si se llega con familiares o como parte de esos grupos de animación que provocan jaquecas a las autoridades en esta clase de duelos: ingresar al Estadio Azteca es un suplicio para cualquiera, sufrimiento que muchos también viven en las gradas.

Son los estragos del ‘clásico del miedo’, cuyos efectos colaterales alcanzan importantes avenidas y transporte público.

Eso explica que el ‘Monstruo de las 100 mil cabezas’ se muestre a plenitud hasta que el primer medio está por expirar. Las innumerables butacas que son ocupadas tras 30 minutos se deben a la intensa revisión en los accesos. Las barras azulcremas y auriazules no garantizaron portarse bien, así es que la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) no escatima en recursos para intentar que la velada finalice con saldo blanco. No lo logra del todo.

Los siete mil elementos designados en el operativo, cifra poco común para un partido de futbol, apenas alcanzan para controlar los brotes de violencia que explotan dentro y fuera del hogar amarillo.

Todo comienza en algunas estaciones del metro. Aficionados de Águilas y Pumas se encuentran, por más que se les recomendó llegar por diferentes vías. Segundos de tensión que terminan por la intervención policial.

Los torniquetes ubicados en Calzada de Tlalpan son territorio americanista. Ahí, se quema una playera de los felinos que fue hurtada de los puestos ubicados en la explanada del ‘Coloso de Santa Úrsula’. Es entonces que aparece un peculiar grupo de elementos de seguridad.

Además de los uniformados, vehículos, policía montada, helicópteros y hasta un puesto de mando ubicado en el estacionamiento, la SSPDF echa mano de agentes infiltrados. Ataviados con chamarras de piel café y pantalones del mismo tono, deambulan entre la marabunta. Basta que detecten algún problema para solicitar ayuda. Es así como detienen a rijosos, personas que ingieren alcohol en la vía pública y revendedores, quienes ofrecen las entradas hasta en mil 500 pesos. El costo original era 200.

Imágenes que se repiten en el otro extremo del Azteca, el que pertenece a los felinos. El América llegó por esa zona, pero el conductor de su autobús debe tomar el Circuito Azteca en sentido contrario para evadir a miles de simpatizantes universitarios. 

La revisión para los universitarios es casi igual, de no ser porque a algunos barristas se les solicita quitarse los tenis. Medida efectiva, porque varios traen monedas o rondanas que podrían haber arrojado desde la parte alta de la cabecera sur, donde son ubicados.

Quienes tienen boletos de la zona que está debajo sufren durante todo el partido. Pese al numeroso grupo de granaderos que les custodian y la revisión, los integrantes de la multitud auriazul arrojan cohetones que explotan en las gradas. Hay varios heridos, ninguno de gravedad, y muchos más asustados.

La sangre también aparece en otras zonas. Pequeños conatos se dan, en especial tras el gol de Matías Britos anulado por el árbitro Fernando Guerrero (16’). La certeza de que su equipo ha sido perjudicado enerva a los seguidores del visitante, quienes son controlados por una parte de los dos mil 400 elementos que tienen a su cargo preservar el orden dentro del inmueble.

Cuando lo hacen, el inmueble ya está lleno. Poco importa haberse perdido los primeros minutos del ‘clásico del miedo’ versión semifinal. La exhaustiva revisión bien vale la pena para aquellos que asisten con niños o ancianos, lo que suele ser deporte extremo cuando Águilas y Pumas se encuentran en el lienzo verde.

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